Sobre arquitectura de iluminación basada en la visión

Seguro no es que ande de malas o pensando cosas feas, pero posiblemente la vista es el sentido más favorecido en la cantidad de información, mas no en la calidad de información.

En la arquitectura de iluminación basada en el principio de la visión.

Profundamente impactado de la postura visual del arquitecto Finlandés Juhani Pallasmaa que delata la hegemonía de la vista que olvida y denosta la visión de la piel.

Mucho me habla esta reflexión al experimentar en el contexto inmediato una iluminación invasora de efectos y defectos que han permeado en la arquitectura la inercia del numerito y del erre-ge-be.

La hegemonía de la vista soportada en la luz, brindó impulsos a visiones gloriosas de la arquitectura, pero se ha convertido crecientemente en una acción nihilista de insatisfacción, obesidad perceptiva y negligencia visual.

La observación de Heidegger sobre un ojo nihilista es un pensamiento particularmente provocativo en nuestro momento.

Muchos de los proyectos arquitectónicos en los pasados veinte años celebrados por la prensa internacional y los dream teams de los arquitectos inversionistas expresan narcisismo y nihilismo visual.

El ojo hegemónico ve la dominación sobre todos los campos de la producción industrial y parece despertar nuestra incapacidad por la empatía, compasión y participación en el mundo que se torna hedonista en este viaje visual carente de significado.

Desde la televisión, periódicos, publicidad de todo tipo de epifanías mercantiles, nuestra sociedad es caracterizada por un cáncer creciente de la visión manifiesta en la luz.

La expansión cancerígena de la arquitectura superficial de imaginería de hoy, devota de la lógica tectónica en el sentido de la materialidad y pragmatismo arribista, que es clara en este viaje visual manifiesto en la luz proyectada sobre la materia y el espacio.

El gradual crecimiento de la hegemonía de la vista que nos obliga a la omnipresente proliferación de la imagen visual, fuera de toda higiene óptica y de la salud de lo visible lentamente en anoréxica caída.

Manifiesto en la iluminación carente del sentido de materialidad, plasticidad y gravedad que pueda ser capaz de prevenir a la arquitectura en volverse un simple sampleo de reductivismo sensorial.

Y todo reducido a las lecturas fotométricas en curvas cartesianas de exclamaciones ocular céntricas, ilusorias de la realidad visual.

Ingeniosas normativas reductivistas de niveles de iluminación promedio y formularios seductores LEED, promesas de larga vida y ahorro de energía que anteponen el número a la vista y a la percepción orgánica de la visión, adicional a su actitud hegemónica en relación a los sentidos del aroma, tacto, sabor y oído.

En esto, la iluminación arquitectónica en lugar de la experiencia existencial aterrizada, plástica y espacial, impulsa a la arquitectura a adoptar la estrategia psicológica de la imagen, publicidad, efecto de colores y persuasión instantánea, convirtiéndola en un objeto travesti de producto marginado de profundidad, sentido y sinceridad.

Y en esto, la hegemonía de la vista como árbitro de un suceso carente de visión al objeto observado y sin personaje observador.

Gustavo Avilés.

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