Concordancia Cromática y Visual

Por Arq. Miguel Angel Calanchini. No es juego de niños cuando hablamos de Tolerancia de Cromaticidad, y menos si hablamos de tratar de definir un color...

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Por: Arq. Miguel Angel V. Calanchini @1_DIA

Sana, sana colita de rana, ¿de qué color será hoy y de cual será mañana?
No es juego de niños cuando hablamos de Tolerancia de Cromaticidad, y menos si hablamos de tratar de definir un color. Mucho menos cuando hablamos de las propiedades cualitativas de una fuente luminosa, en específico una que promete una ¡larga vida!

La promesa de larga vida de la que hablamos es la del LED y debe llevar de la mano una que habla de los parámetros óptimos de cualquier equipo que sufre una depreciación en su funcionamiento a lo largo de su vida útil, a este parámetro se le conoce como la “vida media” de un producto, aquella donde dentro de -parámetros normales- un producto funciona adecuadamente sin encontrarse en las condiciones con las que comenzó su ciclo.

La pérdida de flujo luminoso incide directamente en la eficiencia luminosa de la fuente, mientras que ésta puede seguir operando. La relación de rendimiento óptimo se verá muy desfavorecida igualmente si la calidad de luz que emite es poco satisfactoria o ha sufrido una perceptible variación de color.

Así la mayoría de los fabricantes serios de equipo de iluminación en la actualidad manifiestan qué desviación sobre la tolerancia de cromaticidad tendrá cualquier equipo con base LED, desde su fase inicial de uso, o qué tanto se alejará de las condiciones originales de fabricación y de laboratorio en términos de la cromaticidad después de la puesta en marcha, y qué efecto manifestará en un tiempo determinado, tanto con respecto a su relación análoga sobre la curva del cuerpo opaco en la variación de temperatura de color de Plank (Dt), como en su sentido perpendicular a la curva o desviación (Duv) hacia los tonos verdes (Duv+) y rosáceos (Duv-).

A este cuestionamiento invariablemente se le debe de dar también la interpretación subjetiva del observador, sus preferencias personales, culturales e incluso sobre el color, puesto que la percepción de color humana se ve afectada por las longitudes de onda de dos diferentes fuentes luminosas donde se produce el fenómeno de metamerismo y donde el color de dos objetos puede percibirse de una forma similar o diferente según el iluminante bajo el cual incidan.

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También se afirma que ninguna persona percibe el color de la misma manera que otra, teniendo factores como la edad e incluso el sexo. En este sentido, un porcentaje mayor de individuos del género masculino es más susceptible a padecer deficiencias visuales del color, como el daltonismo, donde la relación es del 8% a 0.5% de su contraparte femenina.

Estudios sugieren que un porcentaje reducido de mujeres tiene un cuarto tipo de células foto receptoras, condición que se denomina tetracromacia, que las hace sensibles a distinguir sutiles diferencias de color.

Estas tolerancias siempre han existido. El trabajo de David MacAdam ha tenido gran validez desde hace más de 50 años, pero retoma su importancia ya que la misma industria ha buscado mejorar sus posibilidades de fabricación de productos LED; flexionó la tolerancia misma de las elipses, reinterpretándolas a manera de cuadrángulos, esto con el fin de incluir LEDs cuyas coordenadas, ya estando fuera de la elipse, continuaban dentro de la envolvente del cuadrángulo.

Pero no nos referimos a la capacidad de reproducir los colores de forma adecuada, mejor conocido como IRC (Índice de Reproducción Cromática), sino a la influencia que la saturación de color determinada de una fuente de luz tiene sobre los objetos que ilumina.

La desviación de cromaticidad luminosa ha sido un fenómeno que en la mayoría de los casos pasaba casi desapercibida, al menos en importancia para el grueso de los observadores, ya que las fuentes luminosas que presentaban esta variaciones mayormente se ocupaban para la iluminación de exteriores o espacios del género industrial o institucional y de carácter impersonal, siendo por ejemplo el caso de las lámparas de descarga con aditivos metálicos cerámicos.

Inclusive la fluorescencia primitiva presentaba este fenómeno mismo que se llegó a perfeccionar al grado de ser imperceptible, pero si es que este fenómeno pareciera ser casi inherente a la naturaleza misma de la iluminación artificial ¿Por qué debe importarnos ahora?

Pues la respuesta está en la tendencia misma de la evolución de la iluminación y la inercia que lleva la sustitución de tecnologías de baja eficiencia por otras que brinden una superior relación de lúmenes/vatios (Lm/W) y el desplazamiento de la lámpara incandescente dentro de espacios residenciales y para aplicaciones donde la percepción juega un papel íntimo con la actividad que se desarrolla en un espacio determinado.

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Si tratáramos de que los colores se percibieran de una forma precisa, la temperatura de color ideal debería ser la más aproximada al blanco luz de día o entre 5,600K y 6,500K, muy por encima del las temperaturas cálidas, 2,700K con valores cromáticos con tendencia al anaranjado, las neutras de 3,500K incluso por encima de aquella denominada blanco frío o 4,100K, pero de ser así ¿por qué no se utiliza en espacios donde las tareas visuales como por ejemplo la selección de color se lleva acabo?

En realidad pereciera que solo en espacios del género publicitario, impresión y diseño gráfico, o en algunos laboratorios, este factor es de importancia. Más allá de estos, los espacios comerciales de retail buscan que los productos que uno adquiere se perciban de forma “regular” en el entorno donde “comúnmente” el consumidor se desenvuelve.

Pareciera que los estándares son muy flexibles, como es el caso del ANSI C78.377-2008, donde las tolerancias en apariencia son “visibles” y muy notables.
El experimento de MacAdam utilizó los valores que el 65% de los observadores “estándar” localizaba con respecto al valor de referencia o centro de la elipse, dejando una depreciación del 35% que es un porcentaje elevado, es decir más de 1/3. Así que el color blanco, al igual que la belleza, está en los ojos de quien la mira.

—A todas luces el futuro no está escrito.
San Miguel de Allende, GTO. Septiembre 2014

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