Descorche. Hablemos de iluminación teatral

En teatro, como en arquitectura, el trabajo del iluminador es el último en conocerse

Por Oscar Virgen

Todo empieza con el descorche de una botella de vino. “Descorche con Bárbara Colio” es una serie televisiva del Centro Nacional de las Artes en México que se transmite por internet. En su emisión del 2 de agosto trató de la iluminación para teatro, para ello convocó a Matías Gorlero y Gabriel Pascal, maestros con una amplia trayectoria en la disciplina. Lo que más sorprende son las similitudes en la forma en que los especialistas entienden la luz como materia creadora de espacios y ambientes, de sensaciones y emociones, así como se concibe para el diseño de iluminación arquitectónica.

Para el maestro Pascal, la luz es un ejercicio de imaginación pero recomienda ir más allá y entender que el talento no es sólo inspiración, es mucho trabajo. Se debe conocer el manejo técnico de cada aparato para traducir estéticamente lo que la historia quiere contar, así como los elementos de diseño de la luz: color, intensidad, dirección, términos familiares para quienes tienen un acercamiento más arquitectónico a la iluminación.

De niño, Gabriel Pascal soñaba con ser pintor pero las circunstancias de la vida cambiaron los pigmentos por otras formas de pintar, ahora con luz y en el escenario. Pupilo del maestro Alejandro Luna, inició su carrera como ayudante general en donde lo mismo barría y trapeaba que enfocaba las luces al gusto del director. Ahora su iluminación acompaña la puesta en escena de diversas compañías en Nueva York, Ciudad de México y varias ciudades de Europa.

Matías Gorlero entiende que la luz es lo menos tangible del teatro, pero es una tarea que va más allá de “hacer que se vea”. La luz incluye un método y un lenguaje y recomienda a los que inician actualizar sus conocimientos técnicos además de encontrar de qué manera la luz cuenta lo que está contando, porque en teatro hasta lo oscuro es luz. En una ocasión su padre lo invitó a participar en una obra en la que solamente tenía que tocar una pequeña campana: “Al darme cuenta de que mi acción provocaba algo que modificaba la historia supe que el teatro era mi vida”, comentó.

Tal y como sucede en iluminación arquitectónica, los expertos se mantienen al día de las tecnologías y sus diferentes prestaciones.  La llegada de los LEDs les ha facilitado el trabajo en buena medida, ahora hay atenuadores, equipos RGB, incluso lámparas que permiten el cambio en la temperatura de color, sin dejar de lado el desarrollo de nuevos softwares y consolas. Las herramientas y sus posibilidades en iluminación convergen y la solución técnica no siempre se encuentra en los equipos diseñados para el teatro. Contaba Pascal que en una ocasión iluminó una obra de teatro con tubos fluorescentes, y en otra, el equipo que le daba la luz que quería estaba diseñado para un estudio de televisión.

En teatro como en arquitectura, el trabajo del iluminador es el último en conocerse: se conoce el guión, el vestuario, todos tienen una idea del tipo de montaje que habrá pero la luz llega al final.

En el teatro las condiciones para conocer este personaje a detalle son ideales. La luz es una materia creadora, comunicadora y un personaje más en la trama teatral, un ente que tras bambalinas, en la penumbra de las piernas y en los pasos de gato, está siempre listo para contar historias.

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