En España la legislación apoya el vapor de sodio

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Hace apenas unos días se publicó en varios sitios españoles la noticia de que el ayuntamiento de la ciudad de Barcelona duplicará la inversión económica al mejorar su alumbrado público, pese a que actualmente su iluminación ya es considerablemente eficiente. Como parte de las medidas a implementar se encuentra substituir 6.600 puntos de luz, de los 111.219 con que cuenta la ciudad, para adaptarlos a la legislación vigente que prohíbe las lámparas de mercurio (luz blanca) y obliga al uso de las de vapor de sodio (luz amarilla).

El estatuto ha logrado que a nivel nacional gran parte del alumbrado público implemente vapor de sodio. Sin embargo, todavía hay medianas y grandes ciudades en las que se observa alumbrado de mercurio, debido a su rendimiento cromático y pese a ser evidentemente de mayor gasto, energético y económico. Yendo aun más lejos, se estima que en el alumbrado publico vial de Europa existen al menos unos 35 millones de luminarios que utilizan lámparas de vapor de mercurio en alta presión, aproximadamente 1/3 parte de los existentes en todo el continente europeo. Sin embargo, se contempla efectuar su sustitución por luminarios de alta eficiencia IP66 con lámparas de vapor de sodio en alta presión.

En algunos países de Sudamérica, como Argentina que se mantiene a la vanguardia en tecnología en iluminación, prevalece el uso de lámparas de vapor de mercurio en alta presión.

Pero, ¿qué sucede en México? En nuestro país se dejaron de utilizar lámparas de vapor de mercurio en alta presión desde 1969, las cuales se introdujeron en 1958 en potencias de 400 y 1000 W. A principios de la década de los años setenta (1973, en concreto) se empezaron a sustituir por luminarios con lámparas de vapor de sodio en alta presión en potencias de 400W y posteriormente a finales de esa década (1979) se empezaron a utilizar potencias de 250W.

En cuanto a la sustitución de lámparas de vapor de mercurio en alta presión por las de vapor de sodio de alta presión, el cambio de sistema involucra que se tengan que operar estas últimas lámparas con su respectivo balastro. Un balastro de vapor de mercurio en alta presión no puede operar una lámpara de vapor de sodio en alta presión, debido a que su diseño y construcción es diferente. Una lámpara de vapor de sodio en alta presión tiene un tubo de descarga en forma cilíndrica fabricado de cerámica con oxido de aluminio, el cual requiere para iniciar su descarga de un pico de alta tensión que solo lo puede proporcionar un ignitor de un balastro para operar lámparas de vapor de sodio en alta presión; en tanto que una lámpara de vapor de mercurio en alta presión tiene un tubo de descarga que es fabricado de cuarzo y para su encendido no requiere de ningún pico de alta tensión.

Es importante destacar que en alumbrado público de vialidades cubiertas, como túneles o pasos a desnivel, en donde se requieren altos valores de iluminación, menor tiempo de recuperación ante el deslumbramiento, buena visión de contraste y una menor luminancia (brillantez) de la lámpara, lo indicado es utilizar lámparas de vapor de sodio en alta presión. No obstante, no es lo más empleado en nuestro país, y la discusión de cuál brinda mejores resultados aun se mantiene vigente.

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