Iluminación navideña, más que una decoración

Las ciudades han aprendido a hacer de la luz un recurso que atrae turistas, incentiva la economía y despierta la dinámica social

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Cada año, conforme se acercan las fechas decembrinas, las calles de las ciudades comienzan a brillar con luces de colores. Dentro de las casas prenden y apagan los árboles de navidad o las casadas de foquitos; en las avenidas importantes se asoman los carámbanos de luz colocados ahí por la administración en turno. La celebración de Navidad se manifiesta con diferentes formas decorativas parpadeantes que durante la noche transforman la ciudad.

Esta iluminación decorativa no solo adorna los espacios, sino que incentiva su actividad social y comercial. Los habitantes y turistas salen a las calles a disfrutar del espectáculo. En la Ciudad de México, por ejemplo, el pasado 4 de diciembre se inauguró el alumbrado navideño del Zócalo como lo hace cada año desde la década de los 60’s. En él se emplearon 24 mil nodos, 6500 LEDs y 5 mil metros de manguera LED; sin mencionar el promedio de cuatro meses que tardan en realizar cada una de las estructuras decorativas en forma de noche buena, campana, etc.

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La iluminación navideña se convierte en una tradición en cualquier ciudad del mundo, así como en un incentivo para que la gente salga a reconocer, de una manera diferente, las calles que transita a diario. París es otra de las ciudades que cada diciembre adorna con luces navideñas sus fachadas. El diseño de la avenida de los Campos Elíseos es encargado a especialistas de iluminación que realizan el diseño específicamente para la emblemática calle. En esta ocasión, la oportunidad se le dio a Blachère Illumination, y como cada año, la inauguración del alumbrado decorativo se publicó en diversos periódicos nacionales e internacionales.

rockefeller-christmas-treeLa luz se vuelve un símbolo de celebración que engalana las ciudades y les da nueva vida. Las inauguraciones de estas decoraciones se vuelven un acontecimiento dentro de sus comunidades. ¿Quién no conoce, dentro y fuera del estado de Nueva York, el famoso encendido del “Rockefeller Center Christmas Tree”? ¿Quién no conoce el árbol que cada año es decorado con más de 30 mil luces y que atrae a todos los turistas de varios kilómetros alrededor? La tradición se remonta a principios de la década de los 30’s en que los albañiles trajeron un pino y lo adornaron con guirnaldas y latas vacías. Ahora, a 70 años de eso, la marca Swarovski fabrica cada vez una estrella de cristal cortado y de  3 metros de largo que corona la punta.

Pero el árbol de 8 pisos de altura es pequeño en comparación al decorado que realiza en las calles y parques de la ciudad de Medellín, Colombia (revisa nuestro artículo aquí). Este 2016, se realiza la versión número 49 de la iluminación navideña que abarca 1.6 kilómetros. Las esculturas que adornan la ciudad se fabrican a gran escala con medidas que van de los 24 a los 14 metros de altura, con un total de 31 millones de bombillas LED y 950 kilómetros de manguera luminosa; esto sin mencionar que para este año se colocarán algunos paneles solares en las esculturas, lo que dará un ahorro energético de 40%. Las esculturas cuentan a veces con sonido y movimiento; se utilizan también proyecciones en fachadas, iluminación arquitectónica y performances, entre otras novedades que cambian cada año.

La planeación de la iluminación se realiza casi durante un año y el departamento encargado se basa en las ideas o propuestas de la ciudadania a través del sitio web de la dependencia brindando un sentimiento de pertenencia a los ciudadanos. “Los alumbrados” de Medellín (como les llaman) no solamente unen a los habitantes y los hace partícipes de la celebración, sino que además es un evento al que se unen los parques recreativos y los museos al dejar la entrada libre a menores de 12 años. Medellín es el mejor ejemplo de cómo la iluminación decorativa (un simple adorno en otras ciudades), puede crecer hasta convertirse en un ícono nacional que, según las expectativas de 2016, atraerá a 90 mil visitantes y que involucra de una manera tan accesible a los habitantes del lugar.

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De la misma manera, en Kobe, Japón, las luces inundan las calles cada diciembre; solamente que en el caso de esta ciudad el motivo del alumbrado decorativo es totalmente diferente. En el año de 1995, un terremoto sacudió la ciudad de Kobe y dejó un saldo de 6 mil muertos; sin mencionar el dinero perdido por los daños. Por el desastre, el suministro de luz, gas y agua fue suspendido; como muestra de solidaridad el gobierno de Italia donó luminarias para iluminar partes de la ciudad como un signo de esperanza para los ciudadanos de Kobe. La acción fue tan simbólica e importante que el evento se volvió un festival de la luz anual para conmemorar a las víctimas.

En la actualidad, cada luminaria es pintada a mano y el conjunto se enciende con electricidad generada a partir de biomasa con fines ecológicos. El festival atrae, cada año, alrededor de 4 millones de visitantes y gracias a él la ciudad recauda $1,3 millones en donaciones para la ciudad y $6,1 millones en ventas. La iluminación decorativa en Kobe no solamente ha servido como una ofrenda a los familiares perdidos, sino también como una forma de recuperar la ciudad y reconstruirla tras el desastre. El festival de Kobe ha traído tantos beneficios a la ciudad que la fórmula de decoraciones de iluminación en invierno se ha repetido en diversas ciudades del país, tales como Tokio, Kanagawa, Sendai, Tochigi, Osaka y Nagasaki, entre otras.

Parece ser que la iluminación decorativa es un terreno fértil al que aún le falta crecer. Definitivamente las ciudades del mundo pueden aprender de estos eventos, generar una forma de revivir sus calles y dar identidad a los habitantes de las mismas. Activar la economía local, la dinámica social y construir paisajes memorables en cada rincón del mundo.

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