Iridiscencia, arcoiris “personal”

El fenómeno de la iridiscencia deviene de la interacción entre las ondas de luz y ciertos materiales y su estructuración

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“La naturaleza es sabia”, y una artista, agregaríamos al dicho. Entre los numerosos fenómenos que nos ofrece la mayoría son verdaderas obras y espectáculos increíbles. La iridiscencia (derivado de la palabra griega iris: luz), y fonéticamente bastante poética, dicho sea de paso, es uno de ellos. Un espectáculo visual resultado de la estructura de colores de algunos objetos y seres vivos, y que cambian según el punto de vista del observador: alas de moscas, mariposas y libélulas, caparazón de escarabajos, o las plumas de colibríes y pavos reales, entre otros.

La iridiscencia es consecuencia de la interferencia de ondas de luz, de ahí el nombre tomado del griego que ya mencionamos. También se puede observar en las burbujas de jabón, en el aceite derramado en pavimento, o incluso en el cielo, dado la interacción de la luz del sol y las gotas de agua en la atmósfera, donde las diferentes longitudes de onda corresponden a distintos colores. El hielo y un celofán arrugado igualmente producen colores iridiscentes, debido a su condición óptica anisotrópico, es decir, que tienen diferentes propiedades ópticas según los diferentes ángulos desde donde se les observa. Asimismo, existe iridiscencia en ópalos, CD y DVDs que cambian con el ángulo de visión y debido a la difracción de la luz: desviación de sus ondas al toparse con un obstáculo.

La interferencia es un fenómeno en el que dos o más ondas se superponen para formar una sola de menor o mayor amplitud, y se da en cualquier tipo de onda: de luz, sonido, superficies de agua… ésta puede ser destructiva: cuando las crestas de una onda y los valles de otra se alinean y se “anulan”; y constructiva: cuando las crestas y los valles de ambas ondas van en la misma dirección y al chocar se refuerzan en una sola onda. Así también la interferencia puede ocurrir cuando la luz choca con ciertos materiales (difracción), es el caso de los CD´s.

En el caso del reino animal y vegetal, el fenómeno de la iridiscencia es producto de la coloración estructural, es decir, de la “interacción de la luz con moléculas o nanoestructuras periódicas de un orden de magnitud similar a la longitud de onda de la luz visible”, como señala el investigador José Ramón Alonso, de la Universidad de Salamanca. Añade además: “el color estructural no es una propiedad intrínseca de los materiales. No se debe a los pigmentos de un material, sino de su estructura”. Dicha estructura comúnmente es de diferentes capaz que forman quirales asimétricos, los cuales interatuan con las ondas de luz. También, algunos animales tienen ojos con estructuras multicapa de este tipo que ayudan a mejorar su visión nocturna, éstos producen reflejos metálicos de colores iridiscentes, ejemplo: los gatos.

Foto -www.medioambiente.org
Planta Pollia condensata

El fenómeno en las plantas era poco conocido, ya que la coloración de algunas flores y frutos deriva de ciertos pigmentos, como la antocianinas y flavonoides en vacuolas, carotenos y xantofilas en cromoplastos, entre otros. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y del Museo Smithsonian de Historia Natural (E.U) encontraron un ejemplo de planta con color estructural: el fruto de la Pollia condensata, el más intenso hasta ahora conocido en otro ser vivo.

Como siempre decimos, la luz está en casi todo. Sin duda, cualquiera estaría encantado de tener por vestidos un arcoiris como los producidos por la iridiscencia. Confeccionado por la naturaleza y utilizando como principal material la luz.

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