La Nave Karnak

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Múltiples condiciones en el acomodo de los sucesos planetarios han llevado a la Nave Karnak a conocer espacios y seres fuera de contexto ordinario del suceder. Regresamos con experiencias de lejanos lugares y en esta ocasión con la presencia de un tripulante invitado, Talina Águila y nuestra reflexión en éste momento toca el origen histórico en la esencia prehispánica y la contradicción de la iluminación actual en la arquitectura en México.

La luz manifiesta en iluminación como un fenómeno que en sí misma es origen y en su consecuencia es destrucción.

Las culturas prehispánicas vivían la arquitectura por fuera. Erigían templos para acercarse a los cuerpos celestes y seguir de cerca sus movimientos, esto como una muestra indiscutible de la relación íntima que mantenían con el cosmos. Sus construcciones abrían un espacio a la luz para poder recibir sus rayos, estudiar sus movimientos, su carácter cíclico y su desenvolvimiento como fenómeno físico-espiritual.

La conquista espiritual sobre los pueblos prehispánicos vino acompañada de la construcción de templos con atrios, presbiterios y capillas abiertas para hacer una transición de los espacios espirituales exteriores a los espacios interiores de los templos católicos. Como legado de esta conquista también recibimos el vitral, elemento que filtra la luz y la desdobla en un caleidoscopio de colores al que no podemos evitar tener una respuesta emocional.

En estos espacios, la presencia divina es evidente, no por sus iconos religiosos, si no por la consideración que tienen hacia la luz. La luz genera el espacio: en él se recibe a la luz y a través de él podemos mantener una relación material y simbólica con ella: nos devela tiempo, espacio, ciclos vitales, los misterios del cosmos y en ella buscamos a nuestras divinidades. Considero que abrir un espacio a la luz es la misma idea hedeggeriana de accionar el habitar al aviar un espacio para aguardar la cuaternidad (nuestro vínculo con el cielo, la tierra, lo divino, y con nuestra condición de seres mortales).

El mercado inmobiliario y mercado lumínico actual han generado otro tipo de religiosidad, una que especula y erige al objetivo a un nivel iconográfico. El proyecto se genera no a partir de nuestros rituales cotidianos ni por la luz que los acompaña, si no que lo genera para coleccionar y admirar los últimos productos y parafernalia lumínica. La luz se convierte en el ornamento mismo y en pantalla de saturación. La luminaria último modelo se erige como un icono, puesto sobre un pedestal y se convierte en el elemento que rige el valor estético.

De una luz que expresa a una luz que solo genera ruido.

De una luz que origina a una luz solo es excusa.

Talina Águila para Lighteam Gustavo Avilés SC

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