“La tortura de la Luz”

¿Puede convertirse a la luz en un instrumento para infringir dolor, o incluso para ocasionar la muerte?

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Por Lucia Rojo

“Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas”

La luz siempre ha sido símbolo de conocimiento, de guía. Es uno de los primeros elementos que crea Dios según el Génesis. El punto que marca nuestra entrada al cielo cuando partimos y aquello que nos protege contra los malos espíritus cuando estamos solos. Es la luz la forma que tenemos para asegurarnos los pasos.

Pero la luz puede ser también motivo de dolor y muerte. Olvidamos, por ejemplo, que en 2003 una granada de luz provocó que Alberta Spruill, una mujer de 57 años, falleciera de un paro cardiaco en su departamento en Harlem tras un error en un operativo policiaco.

Las granadas de luz son catalogadas como armas no letales y son usadas con frecuencia por los ejércitos de algunas naciones con la finalidad de distraer e incapacitar temporalmente a un enemigo para facilitar su captura. Una granada de luz emite un estallido de 170 a 180 decibeles y un flash cegador de más de un millón de candelas (una luminaria fluorescente  normal tiene una medida de 200 candelas) que activa todas las células sensibles a la luz que tiene el ojo humano.

celdadeaislamiento“Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche”

La relación que el ser humano tiene con la luz es realmente estrecha. Una gran parte de las regulaciones del funcionamiento de nuestro cuerpo se llevan a cabo gracias al ciclo circadiano, mismo que funciona a partir de la intensidad de luz que percibimos durante el día o la noche.

Es por ello que desde los comienzos de la tortura, en la Edad Media, la luz ha sido un factor determinante. Cuando se habla de la Santa Inquisición siempre pensamos en mazmorras oscuras, húmedas. Pero aun en la actualidad, la prisión no ha dejado de ser ese lugar pequeño e incómodo. Ese hueco siempre se dibuja en la mente como un lugar de penumbra donde los ojos se acostumbran al letargo.

En 1994, un Relator especial visitó diversas prisiones de Moscú. En su informe, el visitante narra el estado sucio y fétido de las celdas, incluso logra contar a 83 personas que comparten una celda grande y acentúa: “No se recibe prácticamente luz del día a través de las ventanas, cubiertas o no con barrotes, por los cuales sólo entra un poco de aire fresco. La luz artificial es débil y no siempre funciona.”

Según el Manual de Acción Contra la Tortura publicado por Amnistía internacional en el 2002, a las personas que sean encerradas en este tipo de celdas para facilitar cualquier clase de investigación contra ellos con base en el “quebrantamiento de su voluntad”, se les puede calificar como víctimas de tortura.

Es por ello que las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas sobre las Medidas No Privativas de la Libertad, adoptadas en 1990, estipulan la luz dentro de las condiciones de los detenidos. En la regla número 11 se establece que en los locales donde los reclusos deban vivir o trabajar, la luz artificial debe ser suficiente para no perjudicar su vista; así como las ventanas que deben tener un tamaño considerable para que el prisionero “pueda leer  y trabajar con luz natural”

A pesar de esto, tanto gobiernos y personas físicas siguen violando los derechos humanos y las libertades fundamentales. En abril de 2003, el ex Secretario de Defensa de EUA, Donald Rumsfeld, aprobó el uso de 24 técnicas en la prisión de Guantánamo, incluyendo el aislamiento, el “ajuste del sueño” (que refiere a la técnica reversiva de los ciclos del sueño, donde el prisionero deberá permanecer despierto durante la noche y dormir de día)  y la manipulación del ambiente del detenido.

Muchas de las personas que son arrestadas, secuestradas, presos políticos o de guerra  pasan horas en la oscuridad, pasan días en la oscuridad, pasan meses y a veces años. ¿Cómo olvidar la descripción que Gabriel García Márquez hace del primer encuentro que tiene la colombiana Maruja Pachón con el lugar en que pasaría seis meses de su vida, secuestrada por un grupo delincuente lidereado por Pablo Escobar?:

“La luz dentro del cuarto era tan escasa que necesitaron un momento para acostumbrar la vista. Era un espacio de no más de dos metros por tres, con una sola ventana clausurada. (…) Todo era lúgubre y opresivo. En el rincón a la izquierda de la puerta, sentada en una cama estrecha con un barandal de hierro, había una mujer fantasmal con el cabello blanco y mustio, los ojos atónitos y la piel pegada a los huesos. No dio señales de haber sentido que entraron; no miró, no respiró. Nada: un cadáver no habría parecido tan muerto.”tortura luz

La mayoría de las personas que son privadas de su libertad, legal o ilegalmente también son puestos en aislamiento. Se les vendan los ojos, se les coloca una capucha en la cabeza o los recluyen en habitaciones sin fuentes de luz; en cualquier caso la finalidad es la misma: impedir la capacidad visual.

La página Web Civilliberty.about.com, habla que la “privación sensorial” produce una pérdida del paso del tiempo. “Se deja al prisionero en un olvido temporal y la vida se convierte en una experiencia infernal que destruye la cordura.”  Según faqs.org este tipo de medidas evitan que una persona mantenga una sensación de control. De tal modo, la actitud y el comportamiento de las personas depende de la cantidad de información que posean, si la estimulación sensorial es deficiente, también lo será el estado físico y mental.

Amy Goodman, periodista del medio Democracy Now!, publicó una entrevista con Mark Benjamin, colega reportero que investigó la relación entre la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el ejército de Estados Unidos para desarrollar técnicas de interrogatorio. En esta entrevista, Mark habla un poco al respecto: “Y una de las cosas que sucede con esas personas es que son colocadas en una pieza insonorizada, con una luz blanca muy suave, aire que sale por un agujero en el techo, y virtualmente sin interacción con otros seres humanos durante 120 días. La investigación parece mostrar que cuando eso ocurre, uno comienza a perder su sentido de identidad, alucina, oye cosas, ve cosas que no existen, y sufre una crisis psicológica.”

“Ahora, el prisionero ha estado totalmente incomunicado por dos años, bajo la autoridad de militares que lo pueden alimentar o no, que pueden prender la luz o no (…) dejarlo bañarse o no, que pueden desnudarlo o darle ropa, dejarlo solo o no, golpearlo o privarlo del sueño. Eventualmente él también dirá ‘Sí, yo estaba ahí con la otra persona en el campamento de Osama en Afganistán’. Y no habrá una sola palabra cierta en eso.”

Entrevista a Michael Ratner en el libro Guantánamo: What the World Should Know

“Luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo…”

“No hay escape. Si en cualquier momento de la noche yo me volteaba, el guardia siempre entraba a la celda y ponía mi cabeza de tal forma que la luz me diera directo en la cara. Él solía decir: ‘Debo verte los ojos'” dice un prisionero que cita Darius Rejali en su libro Tortura y Democracia.

En el libro Crímenes de Guerra: Irak, los autores afirman que la privación del sueño era una técnica muy común en los interrogatorios que el ejército de los Estados Unidos realizaba a los prisioneros de Afganistán, Irak y Guantánamo. Para mantener a los prisioneros despiertos se puede dejar prendidas luces muy brillantes dentro de las celdas, o, dependiendo, también se pueden encender cada quince minutos. Según este mismo libro, en 2003 personal de Guantánamo describió que a veces se despertaba y sometía a interrogatorio a un prisionero hasta seis veces en una noche.

Según el libro Medicina del sueño, la privación del sueño trae severas consecuencias a la salud en general, e incluso después de una privación muy larga, en experimentos con animales es causa de muerte. En cuanto a la cognición y el rendimiento se reducen la concentración, el aprendizaje, la memoria y el tiempo de reacción. Se detectan desórdenes cardiovasculares, y en la función cerebral grandes deficiencias como la caída del metabolismo cerebral de la glucosa, dificultad del habla, temblores, reflejos lentos de la cornea y aumento en la sensibilidad del dolor. Tanto las  funciones endocrinas como las inmunológicas también se ven afectadas.

Darius Rejali, páginas después, cita a otros dos prisioneros: el primero, en Río de Janeiro, menciona un lugar que llamaban “la congeladora” (geladeira), un cuarto muy frío y con una luz muy intensa donde los interrogados eran bombardeados con “ruidos electrónicos”, con ruidos de turbinas de avión y de sirenas de fábricas con un volumen tan fuerte que no podían escuchar su propia voz. El segundo, en México en el año de 1997, fue “atado en un cuarto a prueba de ruido donde lo forzaron a mirar una luminaria mientras escuchaba música heavy rock también a un alto volumen”.

En el libro Las Consecuencias de la Tortura en la Salud Mental, se habla del trauma que sufren los veteranos de guerra y cómo se desarrolla el miedo condicionado, en el cual hay estímulos que sirven para recordar o traer al presente traumas específicos. “Por ejemplo, si la luz está emparejada con un estímulo negativo, como un shock, finalmente la luz por sí misma puede provocar el miedo y las respuestas fisiológicas relacionadas con el miedo”.

¿Cómo es que la luz, esa misma luz que según la Biblia vio Dios como buena, puede ser sinónimo de miedo, señal de peligro, dolor y angustia? ¿A partir de qué y con qué derecho tergiversamos ese bien común?

Dice en Mateo 5.14, “Vosotros son la luz del mundo”, habría que comenzar a preguntarnos qué tipo de luz queremos ser.

iraqprison

3 comentarios en ““La tortura de la Luz”

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