“La luz importa: Le Corbusier y la Trinidad de la Luz”

Inspirado en el libro de Henry Plummer, Thomas Schielke dedica su columna a Charles-Edouard Jeanneret

Capilla de Notre Dame du Haut, Ronchamp, Francia. Foto: Henry Plummer 2011
Capilla de Notre Dame du Haut, Ronchamp, Francia. Foto: Henry Plummer 2011

Light Matters, una columna mensual sobre luz y espacio, es escrita por Thomas Schielke, un arquitecto alemán fascinado por la iluminación arquitectónica. Ha publicado numerosos artículos del tema y fue coautor del libro “Light Perspectives”, actualmente labora en DIAL e imparte cursos y talleres. Para mayor información acceder al sitio www.arclighting.de o seguir @arcspaces

En sus tres edificios sagrados, Charles-Edouard Jeanneret “Le Corbusier” manipula magistralmente la orientación, las aberturas y las texturas para crear una arquitectura cinética con la luz natural. Su Capilla de Peregrinación en Ronchamp, el Convento de la Tourette y la Iglesia Parroquial de Saint-Pierre, en Firminy, revelan enfoques distintos e individuales que crean espacios contemplativos a través del uso de la luz. En su libro “Cosmos of Light: The Sacred Architecture of Le Corbusier”, Henry Plummer, profesor emérito de la Universidad de Illinois, analiza estos proyectos a través de fotografías hechas por más de 40 años y una escritura brillante.

La luz ha sido asociada a divinidades y santidades en muchas religiones. En el cristianismo, la Biblia habla de Dios, que “es la luz” o Cristo como “la luz del mundo”. Incluso si la luz divina y la luz visible no son la misma cosa, la luz visible se muestra como la más similar a lo celestial, sumándose, así mismo, a los dos mundos. Cada nueva era crea un lenguaje propio de la luz: el brillo del ábside del romanticismo, el brillo dorado de los mosaicos bizantinos o las paredes luminosas de los vitrales góticos. Como artista y arquitecto, Le Corbusier expresa una sensibilidad excepcional para la integración de los colores de la luz en sus edificios sagrados. Su posición como un agnóstico declarado parece muy ambivalente cuando se combina con su deseo de abrir el alma para el reino de la poesía.

Estudiar los edificios sagrados de Le Corbusier por más de cuatro décadas llevó a Henry Plummer a una profunda fascinación por el poder transformador de la luz: “En vez de servir como un instrumento de persuasión religiosa, como generalmente se solía hacer en el pasado, la luz se convirtió en una fuerza silenciosa para visualmente eludir y evadir, erosionar y eclipsar el orden de la Iglesia. La luz corroe y debilita la disciplina institucional, al mismo tiempo que ejerce sus poderes propios para llamar la atención al cielo y sus maravillas – Le Corbusier utilizaba la luz para consagrar el universo natural”.

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La principal característica de la Capilla de Notre Dame du Haut en Rochamp (1950 – 1955), según Plummer, proviene del círculo continuo de eventos solares. El sol naciente ilumina la alcoba de la capilla lateral y se convierte en un vacío pintado de rojo y nada más que rojo. Para Plummer esta luz rojiza de la mañana es una clara analogía del nacimiento humano. Más tarde, el sol inunda la alta abertura entre las paredes este y sur con los rayos de luz a través de cavidades profundas de la pared sur.  La pequeña grieta horizontal de diez centímetros eleva el techo de la pared y crea un duro contraste en relación con el resplandor de la brise-soleil vertical, en la esquina sureste. El ciclo culmina finalmente en un cálido resplandor a partir de abertura en otra capilla lateral al atardecer.

El trabajo de la luz en La Tourette es más complejo y disperso en comparación el de Rochamp, comenta Plummer. El Convento de La Tourette, en Éveux-sur-l’Arbresle (1953-1960), con su geometría rectilínea, encarna un contrapunto claro a las formas poéticas de Ronchamp y Firminy. El hecho de que todos los corredores tienen un lado abierto frente a uno de los cuatro puntos cardinales crea experiencias lumínicas diversas. Además, los corredores son distinguidos con diferentes aberturas. El ritmo irregular de la luz y sombra surge como una composición musical, afirma Plummer, cuando observa el corredor hacia el atrio: “A diferencia de los ritmos repetitivos de las ventanas y columnas en las iglesias tradicionales, estos ritmos fluyentes son esporádicos, basados en intervalos de luz y transparencia que gradualmente se comprimen y se expanden en las ondas. Los ritmos amorosamente cadenciosos tienen la entonación y el flujo de la música, no la música orquestada, sino son de canto, cuyos tonos ayudan a las personas a entrar en un estado contemplativo”.

El punto culminante de la coreografía lumínica en la iglesia de La Tourette comienza con la puesta de sol. Una ranura en la cima de la pared oeste diseña líneas a lo largo de las paredes laterales. La pared norte conecta las dos líneas doradas y, con el sol que cae, las líneas se mueven lentamente por la cima. La atmósfera dramática aumenta hasta el momento en que la luz dorada golpea el plano de la cubierta inclinada y roza las ranuras en el techo de losas prefabricadas. Este efecto cambia con las estaciones del año – formando un pequeño triángulo en invierno y un gran rectángulo en verano, cuando el sol alcanza su intensidad máxima.

La escenografía de la Iglesia Parroquial de Saint-Pierre en Firminy (1960-2006)  es organizada en tres actos. Las pequeñas ventanas en la fachada este crean puntos de luz en el suelo que, con el pasar del tiempo, misteriosamente, se transforman en ondas de luz.  Estas ondas se elevan y descienden suavemente con el curso del sol. Ellas crean un patrón sorpendente sobre las tres paredes frente al altar. Cilindros de policarbonato con ranuras concéntricas causan este efecto impresionante de ondas. El patrón luminoso apareció inesperadamente para el cliente cuando los cilindros fueron montados en las paredes de concreto. Plummer apunta que Le Corbusier no habría podido imaginar este fenómenos –  la construcción del edificio fue realizada años después de su muerte – pero se sabe que el apreciaba, y muchas veces incendiaba, accidentes en la construcción, especialmente cuando se mejoraba el carácter del edificio.

Alrededor del medio día, las ondas de luz desaparecen y la luz del sol, a partir de dos tubos en ángulo en el tejado, termina con la oscuridad a través de vigas bien definidas. En los días nublados, dos velos luminosos suaves surgen en las paredes. Con el enfoque en la puesta de sol, una luz dorada entra en la iglesia y llega a la pared del altar. Un cañón de luz rectilínea proyecta la luz solar intensa en la pared interior, mientras que un cielo azul cae suavemente por las ventanas estelares. Aquí, escenas cósmicas del día y la noche aparecen misteriosamente en conjunto.

 

Las técnicas de luz de Le Corbusier emergen como un lenguaje multifacético para consagrar sus edificios sagrados. Sus capas dinámicas de luz trascienden los volúmenes estáticos de la construcción, un ciclo cósmico que cambia con el correr del día, del año y con un cielo claro o nublado. Sus elementos estructurales van desde pequeñas aberturas a grandes tubos pero, incluso pequeñas, las intervenciones son usadas para generar notables patrones de luz que reflejan el poder cósmico. Le Corbusier expresó su conciencia de poder cósmico de luz en su síntesis personal a través del “Poema del Ángulo Recto” (Le poème de l’angle droit de 1955):

El sol, maestro de nuestras vidas,
indiferente, lejano.
Él es el visitante – un señor –
entra a nuestras casas.
Recostado da las buenas noches
a estos musgosos (oh árboles),
a estos charcos que están por todas partes,
(oh mares) y a nuestras arrugas
elevadas (Alpes, Andes y nuestros
Himalayas). Y las lámparas
se encienden.
Puntual máquina giratoria
desde tiempos inmemoriales
nace a cada instante de las
veinticuatro horas, la gradación,
la sombra imperceptible
casi proporcionado
una medida. Pero que luego rompe
en dos brutalmente, la
mañana y la noche. Aún
le pertenece cuando
nos impone la alternativa-
la noche el día- los dos tiempos
que rigen nuestro destino:
Un sol se levanta.
Un sol se oculta.
Un sol se levanta de nuevo.

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