Luz en escena

La luz descubre el espacio y las emociones que el teatro ofrece

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En el teatro, como en otras disciplinas artísticas, la luz tiene un papel importante para su realización. Es una herramienta que se emplea para hacer visible el espacio, pero también adopta funciones simbólicas y significativas.

Una vez que la luz cumpla con el cometido de permitir al espectador observar los hechos ocurridos en escena, ésta crea la atmósfera en la que se desenvuelve el drama (Mier, 2013).

En su función simbólica, la luz formó parte del teatro relativamente hace poco tiempo, primero con la luz de gas y posteriormente con la luz eléctrica y las nuevas tecnologías, que permitieron mayor técnica de manipulación y configuración como código significativo.

En el transcurso de la Edad Media y el Renacimiento, las representaciones se realizaban con la luz de día y al aire libre, posteriormente se pasó a locales cerrados o semicerrados y ya no durante el día, sino por las tardes o noches, lo que requirió la utilización de luz artificial.

Sin embargo, esto no significó el inicio del código metafórico de la luz, ya que la iluminación era indistinta entre el escenario y la sala, debido a que las lámparas de velas o candiles de aceite que utilizaban se encendían antes de la función y hasta el término de ésta, sin posibilidad de intervenir durante la misma para tener variación de la iluminación.

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Más tarde hubo intentos de establecer técnicas, por ejemplo, el arquitecto italiano Sebastiano Serlio publicó en 1545 una serie de sugerencias para “colorear” la luz, mediante el uso de botellas y frascos llenos de líquidos de color, tales como vino blanco (ámbar pálido), azafrán (rojizo) o una mezcla (azul) de aqua vita, barniz y ácido sulfúrico (Fuchs 1964, 35).

Serlio propuso tres aspectos como premisa: 1) un escenario más brillante que el auditorio; 2) evitar en lo posible que el espectador viera las fuentes de luz y 3) reflejar la luz sobre lienzos de colores o filtrarse con botellas con líquidos coloreados.

A partir de esa influencia, se diseñó gran número de candilejas con velas y lámparas de aceite; además se realizaron investigaciones y formularon ideas entorno al diseño de la iluminación e incluso se construyó el primer teatro que utilizó el arco de proscenio (Teatro Farnese en la ciudad italiana de Parma) donde ocultaban la fuente de iluminación.

Durante esta época, la atmósfera y el tiempo dramáticos eran definidos por el dramaturgo, dichos o manifestados por el actor y construidos por el espectador en su imaginación; un trabajo en conjunto de los tres, derivado de la escasez tecnológica para iluminar las funciones y del que, dicho de paso, puede deducirse como una influencia en la dramaturgia y en la estética teatral.

Y la luz, entonces, se utilizaba sólo para evidenciar el espacio en que se llevaba a cabo la función, por lo que no podía llamarse propiamente teatral, en el sentido que hoy es utilizada: de manera simbólica. Fue desde 1638 que se comenzó a iluminar la escena para darle forma volumétrica y dramática.

Y es que, como lo menciona Mier (2013, p. 21), “la luz no sólo es color, intensidad y contraste, la luz es parte de la atmósfera, del espacio y del ritmo; articula la visión con el sonido, con el tiempo y con la tensión dramática”.

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La luz se consolidó en el teatro cuando se utilizó como forma de expresión deliberada e intencionada. También, el desarrollo de maquinaria, nuevos diseños arquitectónicos y escenográficos, liberaron al teatro de cierta rigidez y lo dotaron de plasticidad. Posteriormente algunos autores y directores de escena propugnaban utilizar la iluminación, nuevamente, de manera general y no como método simbólico, tal es el caso de Bertolt Brecht (un tema aparte).

Sin embargo, hoy en día, con base en estudios y experimentos, el diseño de iluminación se define como el uso creativo de la luz para reforzar el entendimiento y la apreciación de éstas, que requiere de dos aspectos: un proceso creativo y un conocimiento técnico para la adecuada utilización (Sirlin, 2006).

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Stanley Mc Candeless (1897-1967), que escribió los objetivos de la iluminación, la define “como el uso de la luz para crear una sensación de visibilidad, naturalismo, composición y emoción o atmósfera”. Estas cualidades trabajan en conjunto, superpuestas, y no son capaces de actuar de manera independiente.

Por otro lado, la iluminación comúnmente es considerada como complemento de la escenografía y es inherente a ésta, sin embargo, un diseño de iluminación puede ser independiente de uno escenográfico, situación que destaca, aún más, la importancia de luz en el montaje de una obra.

Además, “si se da por entendido que el único otro valor imprescindible en el arte escénico es la presencia viva del actor o bailarín ante un público expectante, tomar cualquier espacio vacío pero iluminado como escenario, observar a un hombre que camina en medio de él es todo lo que se necesita para que haya un acto teatral” (Mier, 2013, p. 20).

Fotos: Carlos Arce

 

REFERENCIAS:

Mier, Eduardo Ernesto. 2013. Iluminación Escénica: del Barroco a McCandless. México. Universidad Veracruzana, Facultad de Teatro.

Fuchs, Theodore. 1964. Stage Lighting. New York: Benjamin Bloom, Inc.

McCandless, Stanley. 1984. A syllabus of stage lighting. New York: Drama Books Specialists.

Sirlin, Eli. 2006. La luz en el teatro. Buenos Aires. ATUEL.

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