Luz y epilepsia

Los estímulos visuales pueden causar convulsiones bajo determinadas condiciones

 

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Este texto está basado en el artículo de Pascal Masnou, investigador del Servicio de Neurología Adultos del Hôpital Bicêtre, de la red de Hospitales de Asistencia Pública de París:

Masnou P., Epilepsia y fotosensibilidad. “EMC-Neurología”, 2014; 14 (4): 1-10. 

Algunos estímulos visuales son capaces de causar convulsiones, la sensibilidad a la luz es el principal componente de estos eventos. Los investigadores del tema han descrito factores genéticos que determinan la hipersensibilidad a la luz con una mayor incidencia en la pubertad y en el 5% de los epilépticos.

La manera más confiable de confirmar su presencia es realizar un Electroencefalograma mientras se aplican estímulos luminosos. Esta sensibilidad a la luz, o fotosensibilidad, puede ser aislada o asociada con epilepsia, la mayoría de las veces de tipo idiopático.

Aunque los mecanismos de esta condición no se conocen a fondo, desde sus inicios se identificó a la televisión de cinescopio como un factor desencadenante.

Tanto la epilepsia fotosensible como las convulsiones reflejas pueden ser causadas por un estímulo específico sensorial, motor o cognitivo, así se detectaron los mecanismos relacionados con las vías visuales a quienes se atribuyen las crisis “visuoinducidas”.

La fotosensibilidad es un factor importante, pero no el único, también participan aspectos como el patrón de sensibilidad, figuras geométricas que tienen algunas características espaciales, o la estimulación cognitiva compleja y práctica, como los movimientos oculares.

Aunque las primeras menciones de este tipo de epilepsia se hicieron en el siglo I antes de nuestra era, fue hasta después de la invención de electroencefalograma (EEG), en 1946, que se pudo describir y registrar el efecto de los estímulos luminosos intermitentes (ELI).

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En los años siguientes se realizó trabajo experimental al respecto, se provocó crisis epilépticas mediante estímulos lumínicos solos y en combinación con fármacos, sin embargo, los casos que abrieron la puerta al debate y a la mayor búsqueda de explicaciones fueron aquellos que, en 1952, se atribuyeron a la televisión de rayos catódicos.

Con la llegada, en la década del 70 del siglo pasado, de las consolas de videojuegos que utilizaban la televisión casera como monitor, surgieron los primeros casos provocados por este tipo de estímulos en 1981. Aunque en la década siguiente, con el desarrollo de las televisiones de nueva tecnología, su incidencia disminuyó, el beneficio fue tal que en algunos países se definieron especificaciones a los fabricantes de electrónica para que sus productos fueran lo menos perjudicial posible.

En concreto, la fotosensibilidad se define como el efecto que el ELI, registrado durante la realización de un EEG, es capaz de producir en el cerebro del observador y que consta de estímulos nerviosos llamados por los especialistas “respuesta fotoparoxísitca” o RFP.

Al factor que activa este mecanismo se le llama fotoestimulador, entre ellos se han descrito las luces intermitentes con frecuencia de 10 a 30 Hz, blancas generalmente y, de las cuales, la estroboscópica es la más efectiva por su efecto acentuado en ausencia de luz natural.

Debe tomarse en cuenta que los estímulos lumínicos de las características comentadas son capaces de provocar respuesta en sujetos cuya epilepsia no es del tipo fotosensible o incluso en personas que no son epilépticas en lo absoluto, pero tampoco se deben descartar otro tipo de enfermedades sensibles al estímulo.

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No sólo la luz artificial o especialmente inducida es un fotoestimulador, también la luz natural reflejada en objetos con patrones geométricos lineales o cuadriculados es capaz de causar efectos sobre el sujeto sensible, siendo los patrones en movimiento más “epileptógenos” que los estáticos. Las persianas, escaleras mecánicas, papel pintado o ropa estampada son ejemplos de los patrones mencionados.

Las investigaciones han reportado que la fotosensibilidad tiene factores de carga genética y ocurre en 1 ó 2 individuos de cada 100 mil habitantes de la población general. Puede presentarse desde los 2 hasta los 71 años de edad, siendo de los 5 a los 15 las edad más frecuente y es más común diagnosticarlo entre los 7 y los 19 años. La fotosensibilidad se observa en el 5% de las personas con epilepsia. La fotosensibilidad tiende a desaparecer en la edad adulta.

Se ha observado en personas dependientes de alcohol o benzodiacepinas que la fotosensibilidad desaparece al abandonar el consumo de esas sustancias y que se presenta en 6 niñas por cada 4 niños que la padecen.

El conocimiento adquirido permite distinguir que existe la epilepsia fotosensible pura y la epilepsia asociada a fotosensibilidad. En la primera, la crisis sólo aparece a causa de la estimulación de la luz, mientras que, en la segunda, puede manifestarse la crisis espontáneamente antes que una crisis fotoinducida aparezca.

En el caso de la epilepsia visuoinducida la crisis suele comenzar con trastornos visuales, como alucinaciones o ceguera parcial, seguida de signos vegetativos, como alteración del la frecuencia cardiaca, y dolor de cabeza. Los síntomas visuales iniciales puede ser prolongados y preceder varios minutos una eventual generalización secundaria de tipo tonicoclónica, la que presenta rigidez y sacudidas.

Entre los tipos de luces capaces de provocar crisis está la luz solar, para una persona sensible, basta con mirar su reflejo sobre la nieve o el agua, incluso en calles llenas de árboles en tiempo soleado viajando en coche mientras se mira el movimiento de las copas iluminadas por el sol.

Ya se ha mencionado que la Televisión fue un factor epileptógeno desde su popularización en la década del 50 del siglo pasado, sólo se explicará ahora que la imagen de las que proyectaban mediante rayos catódicos generaban un punto brillante a lo largo de líneas horizontales que comenzaban en la esquina superior izquierda de la pantalla para terminar en la esquina inferior derecha, por lo que una imagen completa se componía de puntos luminosos que por medio segundo ocupaban las líneas nones y puntos que por la otra mitad de segundo ocupaban las líneas pares, construyendo la imagen completa con líneas trenzadas, produciendo un “patrón televisivo”, que a una distancia menor al doble de la diagonal de la pantalla, era capaz de provocar la crisis. Para 1992 las televisiones ya construían la imagen con una frecuenta de 100 Hz, en vez de dos semi imágenes de 50 Hz y lo hacían con menos brillo.

Aunque los videojuegos, inventados en la década del 70 del siglo pasado, solían utilizar las televisiones como monitor, era el patrón de sus imágenes lo que provocaba una luz con capacidad epileptógena, los primeros casos fueron descritos en 1981, generalmente en personas portadoras de epilepsia fotosensible, aunque también se registraron crisis en personas no epilépticas ni fotosensibles.

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Lo anterior se explica con los estímulos provocados en el cerebro mediante patrones lumínicos intermitentes con el abuso de ciertos rangos del espectro de color y luces estroboscópicas, combinados con la manera de generar la imagen.

Además de los videojuegos, algunas series animadas y programas de televisión reunían esos factores que, aunados a la violencia que mostraban, sometían al espectador a un estrés excesivo de origen visual. Los videojuegos modernos, en dispositivos con pantallas de nueva tecnología, pequeñas y con menor saturación de patrones lumínicos en la imagen han reducido la incidencia de este tipo de crisis.

Aunque la luz que emiten los monitores de las computadoras es semejante a la de las televisiones, la frecuencia en que construyen la imagen, Hz, es mucho más baja y la cantidad de patrones visuales menor, por lo que sólo se han reportado pocos casos de crisis al utilizarlos.

Las nuevas tecnologías como LCD, OLED, PolyLED o PDP son utilizadas para televisiones, pero también para todo tipo de dispositivos electrónicos, por sus características poseen un menor efecto en las personas fotosensibles, dejando mayor carga a los factores físicos como el ángulo de visión, el contraste, la luminosidad, la resolución, la frecuencia y el color. Verde y amarillo parecen más brillante para el ojo humano que los otros colores, el color rojo tiene la longitud de onda más larga y el color azul la menor. Debido a su pequeño tamaño y relativamente baja resolución y contraste, las pantallas de equipos como agendas electrónicas o teléfonos móviles no son sensibilizadores.

En el cine las imágenes constan de 24 cuadros por segundo, las personas fotosensibles corren poco riesgo debido a la distancia y a la relativamente baja luminancia de la pantalla. Las proyecciones 3D se basan en el principio de generar imágenes una a lado de otra a una rapidez del doble (48 por segundo), las gafas, al filtrar el color y polarizar alternadamente en uno y luego en otro ojo, bajan la frecuencia a 24 imágenes por segundo. Estas gafas tienden a reducir la luminancia de las imágenes, por lo que tienen un papel protector.

El primer caso de autoestimación fue descrito en 1932, fue un joven de 20 años que levantó la cabeza hacia el sol mientras abría y cerraba los párpados repetidamente hasta presentar la crisis. Generalmente las personas que lo hacen no pueden explicar su actitud, a veces, confiesan que esto les produce una sensación agradable, aunque no todos los sujetos tienen daño mental, se paran frente a una fuente de luz brillante como el sol o la televisión. Los que presentan retraso mental tienen conductas como buscar de manera compulsiva tocar la pantalla de la televisión con la nariz.

Cuando se establece el diagnóstico de epilepsia fotosensible, el tratamiento depende de la valoración individual de cada caso en cuanto a datos clínicos, EEG y grado de sensibilidad a la luz. Los pacientes deben seguir normas de higiene acordes a la condición y, en ocasiones, tomar fármacos antiepilépticos (FAE) bajo indicación y estricta vigilancia del médico. Se dice que los mejores resultados dependen de la cooperación de las personas cercanas al paciente y del análisis preciso que determina el grado de fotosensibilidad.

Para reducir la RFP se sugiere el uso de gafas oscuras, coloreadas o polarizadas, las azules son más eficaces por la posición que el color ocupa en el espectro. Otra medida es cubrir un ojo cuando se está frente a un fotoestimulador, pues así se reduce el riesgo de crisis. Evitar ver la televisión por periodos prolongados, a corta distancia y en habitaciones obscuras y, por supuesto, evitar todo tipo de exposición a los factores que el paciente y su médico tengan identificados. Tomando estas sencillas medidas, los pacientes pueden llevar una vida prácticamente normal.

2 comentarios en “Luz y epilepsia

  1. ¿cual es la mejor luz para instalar en un despacho interior de un epiléptico fotosensible? y ¿como protejo al epiléptico de la pantalla del ordenador? es urgente e importante

  2. Una consulta amiga .
    Mi hijo tambien tiene epilepsia pero yo me he dado cuenta q es mas frecuente cuando esta mucho rato en computador .

    Eso quuere decir que es fotosencible ?

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