El Museo de la luz / Tierra Santa del Arte lumínico

Por Miguel Angel V. Calanchini. Nuestro colaborador visita el Museo dedicado a la luz de Westfalia.

Texto y fotos por Miguel Angel V. Calanchini @1_DIA

Olafur Eliasson. The Reflective Corridor, 2002.
Olafur Eliasson. The Reflective Corridor, 2002.

—Existe un lugar en Unna de cuyo nombre no que quiero olvidarme… —Así comenzaría la versión de mi épico viaje a lo que casi denominaría “La Tierra Santa” para cualquier adepto al diseño de iluminación y aficionado al arte moderno.

Si bien mi herejía constituye un sagaz intento por persuadir desde la obertura que la experiencia en sí ofrece este lugar, es una obligación para los ojos (y mentes) de quienes se presumen capaces o pretenden iluminar y comunicar a través de un espacio arquitectónico.

A unos 20 km al este de la ciudad de Dortmund, en la región de la Westfalia, región europea del Rin-Ruhr, existe un pueblo llamado Unna; población amurallada y pintoresca, actual y clásica silueta urbana de los poblados del noreste alemán, ciudad que durante la revolución industrial se vierte a la minería y que en 1946 debido a una explosión dentro de una de éstas se convirtió en referencia del que es hasta hoy el peor accidente de la historia minera alemana, dejando 418 víctimas.

En dicho lugar se encuentra el Zentrum Für Internationale Lichtkunst Unna, museo dedicado al arte lumínico, que originalmente fue un edificio propiedad de la Lindenbrauerei para la elaboración de cerveza lindenbier, que dejó de operar en los años setentas. Posteriormente este espacio fue habilitado como biblioteca y Volksschule (escuela nocturna).

Acceso-al-museo
Acceso al museo Zentrum Für Internationale Lichtkunst Unna.

En su emblemática chimenea se encuentra adosada una instalación del artista milanés Mario Merz que puede ser vista por las noches desde toda la ciudad. Fuera de eso el acceso no comunica más del efervescente contenido del recinto.

En este lugar, que tiene un recorrido de no más de 2 horas, se encuentra una vasta colección de instalaciones específicas de sitio, generando una inseparable relación con cada espacio seleccionado, objetos y situaciones que tienen como hilo conductor la luz y el fascinante efecto que ésta tiene en nuestros ojos como el portal de nuestras emociones.

Así, cada una de estas situaciones presenta la luz como objeto de contemplación, la luz y la sombra como generadores de experiencias, la luz como lenguaje y medio de comunicación, la luz como retórica en sí misma y, finalmente, la luz como un lenguaje universal que vence cualquier diferencia o barrera lingüística.

Particularmente este es el primer museo de su género con la clara adhesión a la temática de la luz dentro de un contexto singular, los espacios han sido escasamente intervenidos, así que se conserva la dermis añeja, sin censurar sus imperfecciones que la hacen diferir del diálogo que las paredes lisas de otros museos prestan, a mi parecer detalle de excelencia ya que las sombras que producen los baños de luz rasantes despiden sombras en extremo dramáticas.

Keith Sonnier. Tunnel of Tears, 2002.
Keith Sonnier. Tunnel of Tears, 2002.

El viaje a este lugar es específico y ejerce toda fibra de voluntad, no es un museo con el que uno se tropieza dentro de un contexto urbano, como suele suceder con muchos otros, salvo que por cualquier razón intrínseca al voyerismo que todo turista carga, o que te encontraras por azarosas circunstancias en Unna.

El museo tiene una estricta política donde un guía te conduce a través del recorrido, la fotografía de las piezas no está permitida salvo en días específicos y además no se permite el uso de trípode.

La colección permanente está compuesta por reconocidos artistas, la siguiente lista no representa el orden en el que se encuentran las obras:

Del artista norteamericano James Turrell, dos piezas magistrales. Floater 99-2001 y Third Breath 2005-2009 sin necesidad de darle mayor introducción a su trabajo, ambas piezas cumplen y exceden, sin embargo, no puedo ser objetivo porque soy aficionado a su trabajo.

Del artista chino, nacido en Pekín, Li Hui. Amber, 2006. (En préstamo por el Ministerio de Arte de Pekín) una pieza que recuerda la escultura en hielo, sin embargo la fascinación de sus piezas radica en lo que está dentro de la pieza y no sólo la apariencia exterior. Pieza difícil de retratar sin equipo adecuado debido al contraste dentro de un cuarto obscuro y la iluminación  por LEDs azules. Independientemente de la fotografía del recuerdo, es importante observar a detalle la pieza y de lo que se percibe en su interior.

Christian Boltanski, escultor, fotógrafo, pintor, y cineasta francés. Totentanz II, 2002 (de la serie Teatro De Sombras). La simpleza de esta pieza es su mayor fuerza: siluetas de figuras de cuentos oscuros que “danzan” proyectadas en los muros sobre un espacio de doble altura, reproduciendo vida.

Del artista nacido en Copenhague, Dinamarca, Olafur Eliasson. The Reflective Corridor, 2002. Pieza que sobre estimula la vista. Una cascada que aparentemente se detiene en el espacio, pieza que además cuenta con el efecto sonoro del golpe del agua, verdaderamente estimulante.

Rebecca Horn, artista y cineasta alemana. Lotus Shadows, 2006. Uno de los espacios que indiscutiblemente relata que las piezas son especificas para cada área asignada. Esta pieza cobra vida con lo sutiles movimientos mecánicos y el reflejo de la luz proyectada sobre espejos, además del sonido ambiental que la acompaña.

Joseph Kosuth, artista norteamericano. The Signature of the Word (Light And Darkness), 2001. Instalación que se traduciría como poesía para los ojos de doble altura.

De la artista austriaca Brigitte Kowanz, Light Speed 11.5m/s, 1989/1990.

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Mischa Kuball, artista alemán . Space Speech Speed, 2001. Simpleza adicionada con movimiento que se traduce en una experiencia visual dinámica.

Christina Kubisch, artista y compositora alemana. Snow White and Raven Black, 2001. Pieza Sonora dentro de un espacio casi en oscuridad total, te invita a reflexionar sobre una situación que se desarrolla en exteriores, a pesas de estar en las entrañas del museo.

Mario Merz. Celebre artista italiano, Fibonacci Series, 2000. Pieza sólo visible de noche y en el exterior del museo.

Del pintor, grabador, escultor y artista francés François Morellet. No End Neon (Pier and Ocean), 2001-2002. Instalación que evidencia cómo se reconfigura un espacio con el simple cambio que produce un intermitente y aleatorio encendido y apagado de fuentes de luz referenciadas a la geometría de un espacio particular.

El neerlandés Jan Van Munster, escultor y artista. I (Dialog), 2005. Instalación que se activa por medio de un detector de presencia. En lo que aparentemente era un tiro, que conecta el nivel de acceso y los sótanos con elementos que se encienden y apagan, genera un “dialogo”.

Keith Sonnier, artista norteamericano. Tunnel of Tears, 2002. Instalación cromática donde el contraste de los colores utilizados es parte del juego de percepción: cada uno aparenta ser mucho más intenso por la relación que presenta al contrastarse con otro.

Del artista alemán Stephan Reusse. Hello, Welcome, Goodbye,  (Instalación en Préstamo por Sammlung Spallart de Austria). La proyección laser que utiliza este artista convierte su secuencia de una divertida silueta humana que aparece y desaparece a escena y que recuerda que el medio es menos importante que el mensaje.

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—A todas luces el futuro no está escrito. Qué conste, ¡eh!

San Miguel de Allende GTO. 2014

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