Luces solemnes y emotivas acompañan al visitante del Museo de la Memoria y la Tolerancia

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Violencia, conflictos bélicos, discriminación y homicidios son una constante del mundo en que vivimos. Parece que las iniciativas, a todos los niveles, para que las cosas cambien no son suficientes, pero aun así hay quienes asumen un compromiso con la población mundial con la que convive y emprenden acciones que buscan la enseñanza de la paz.

Bajo esta percepción se planea y concibe el Museo Memoria y Tolerancia, en la Ciudad de México, el cual tras cuatro años de esfuerzos multidisciplinarios se inaugura en octubre de 2010. El concepto no es sencillo: tratar de dejar conciencia en los visitantes sobre el significado de tolerancia, derechos humanos y convivencia a partir de imágenes y discursos de genocidios, vejaciones y agravios al hombre a lo largo de su historia.

Muy lejos del morbo, la institución busca generar una sociedad participativa y responsable, “y ello parece difícil de explicar partiendo de lo opuesto”, señala Jacobo Dayán, director de Contenidos del Museo. No obstante, para lograrlo se han planeado contendidos muy modernos y tecnificados, para acercarse de mejor manera a los jóvenes, el principal público al que se dirige las propuestas y exposiciones.

cubo

Por supuesto, la iluminación respalda en gran medida que el Museo Memoria y Tolerancia cumpla con ese objetivo. Fue así que los arquitectos Arditti buscaron el conocimiento y la experiencia del diseñador mexicano de reconocimiento mundial Luis Lozoya, para quien “el claroscuro es un factor en el Museo para marcar jerarquías al descubrir los espacios”, puntualiza el especialista.

El edificio fue diseñado y construido en 7 mil metros cuadrados por el despacho Arditti + RDT Arquitectos, y está ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Por su temática integral es una concepción única en el mundo, pues se trata de una propuesta en diseño y tecnología que intenta dejar huella en la conciencia del visitante sobre la importancia de recuperar la paz.

En el espacio central del edificio se ubica el cubo, llamado también el “Memorial de los niños”; es una obra del artista holandés Jan Hendrix, y en cuyo interior hay puntos de luz que representan a cada uno de los niños que murieron por causa de los conflictos a los que refiere el recinto. Por fuera se emula la forma de hojas de olivo (símbolo universal de la paz) vistas a través de un microscopio.

Iluminet te comparte detalles de lo que fue su visita a través de este video. Esperamos tus comentarios.

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