Por una Navidad ecológica, y económica

El árbol de Navidad más grande del mundo se instala desde hace 13 años en Río de Janeiro, Brasil. Sobre la laguna Rodrigo de Freitas flota la estructura de metal de 85 metros de altura y tiene algo así como 3 millones de foquitos, 52 mil metros de mangueras luminosas, 1,600 estrobos que generan efectos de estrellas y cuatro cañones de luces de colores que representan diversas figuras navideñas que van cambiando gradualmente o moviéndose por la estructura.

El árbol más famoso de la temporada emplea, desde hace tres años, generadores de energía eléctrica que utilizan biodiesel controlados por computadora, y cuentan con una capacidad total de 1,445 kilowatts; el hecho contribuye a la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Otro árbol no menos popular, es el ubicado en el Rockefeller Center en Nueva York, Estados Unidos, el cual al cambiar el uso de focos incandescentes por LEDs redujo el consumo diario de la electricidad de 3,510 kilowatts a 1,297 kilowatts.

Luz y biodiversidad
La iluminación es uno de los aspectos más importantes en la Navidad de nuestros días, pues el valor simbólico de la luz se ha transmitido a través de generaciones entre culturas milenarias; por supuesto, desde el mismo nacimiento de Jesús, cuando se usaban las luces rudimentarias al alcance. Aunque se sabe también que mucho antes de esa fecha cristiana, los vikingos conmemoraban el solsticio de invierno con luz para darle alegría y un poco de calor a la oscura y gélida temporada.

Algunos historiadores documentan que en Estados Unidos las primeras iluminaciones eléctricas navideñas datan de 1882, apenas tres años después de que Thomas Alba Edison presentara su foco incandescente. Sin embargo, el mismo Tommy se iría de espaldas al ver todo lo que hay en el mercado electrónico de este siglo XXI para adornar iluminando la época, pero sobre todo por los gastos que ello genera por pago de electricidad y por el daño a la biodiversidad.

Lo que corresponde en estos días es conmemorar e iluminar de una manera racional. En México, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía, del total del consumo promedio de electricidad en los hogares 40% corresponde a los sistemas de iluminación; por su parte Luz y Fuerza del Centro ha emitido informes en los que se señala que en la capital del país la demanda de energía aumenta 20% en diciembre y enero, debido a los adornos luminosos en hogares, edificios y espacios públicos, principalmente. ¿Qué tanto variará en el resto del país?

En España, se calcula que el costo que significa la demanda extra de electricidad por la iluminación navideña es equivalente a 30 millones de kilowatts por hora, la misma que consumiría un poblado con 50 mil personas en un año.

No entraremos en demasiados detalles de lo que significa generar más electricidad en relación al calentamiento global, ni de la contaminación lumínica de esta época, sino más bien en que por fortuna hay cada vez más opciones tecnológicas que permiten festejar e iluminar con mayor conciencia.

El mercado de electrónicos cuenta con la opción de remplazar las series de foquitos convencionales incandescentes por otras con tecnología LED (diodos emisores de luz), y que pese a que la inversión es económicamente mayor las ganancias se aprecian en el mediano plazo; los LEDs son más luminosos, resistentes y, sobre todo, consumen 20% menos de energía que los focos incandescentes comunes.

¿Conoces los árboles artificiales de fibra óptica? Funcionan con las famosas fibras plásticas que se emplean en telecomunicaciones y que conducen pulsos luminosos mejor que los cables de acero, y en mayor cantidad, por el mismo gasto; estos árboles navideños artificiales utilizan por lo regular un adaptador de corriente que consume 12 volts y contienen más de 1000 puntas de fibra óptica en los extremos de las ramas que se iluminan en diferentes colores.

No está por demás recordar que, en general, vale la pena sustituir focos y lámparas incandescentes por otros fluorescentes, y que donde sea factible colocar atenuadores electrónicos que permiten graduar la corriente al mínimo necesario para el funcionamiento de los aparatos electrónicos, e instalar en pasillos y escaleras interruptores de presencia que encienden la luz sólo cuando pasa alguien por ahí.

Como sucede en Brasil, Nueva York y miles de otras ciudades en las que se busca conmemorar esta época navideña con una conciencia más ecológica, también nosotros podemos tomar ciertas medidas que repercutirán tanto en la economía familiar como en el impacto ambiental. Iluminet te desea felices fiestas.

Foto: http://olhares.aeiou.pt/

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