El reciclaje: la luz al final del túnel

Por Blanca Robleda

De tener una vida brillante desde su invención, iluminando sitios públicos y privados, concurridos y solitarios, la presencia del foco, o mejor dicho lámpara, en la vida del hombre se ha visto ensombrecida en los últimos años. La causa es que estos artefactos que iluminan han sido incluidos en la lista de agentes nocivos para el ambiente. Primero fueron los incandescentes que, incluidos entre los causantes del calentamiento global, comenzaron a ser sustituidos por los fluorescentes compactos, también llamados focos ahorradores. En años recientes éstos igualmente han comenzado a ser mal vistos por su impacto negativo en el entorno y en las personas a causa del mercurio utilizado en su fabricación. La solución radica en el reciclaje, pero ¿a quién le corresponde hacerlo?

“Las empresas que venden focos tienen que hacerse responsables de todo el producto que ponen en el mercado”, comenta en entrevista con Iluminet, Clara M. Pérez Ledo, responsable de Comunicación para Ambilamp, asociación no lucrativa creada en España por las empresas Philips, Osram, General Electric y Havells-Sylvania, con la finalidad de promover el reciclaje de focos. La conversación se llevó a cabo en el marco de MATELEC 2012 y  giró en torno a las estrategias implementadas por Ambilamp y la experiencia que sobre el tema han tenido otros países, lo que  resulta enriquecedor para México.

Clara Pérez comenta que para lograr su objetivo, Ambilamp instaló contenedores especiales en sitios donde se generan altas cantidades de residuos, como aeropuertos y grandes empresas, y otros más destinados a la recolección de lámparas fluorescentes y bombillas de bajo consumo, colocados en centros comerciales y tiendas que venden focos. Son ya 22 mil 700 puntos donde se ubican contenedores diseñados para preservar el buen estado de las lámparas para después ser transportadas a las cinco plantas de reciclaje ubicadas en Madrid, Bilbao, Barcelona, Valencia y Sevilla. En tales sitios, se separan cada uno de los materiales con los que los focos fueron fabricados, y tanto el plástico y el vidrio como el metal se reutilizan, entre otras cosas, en la producción de bolsas de basura, en la producción de frascos y cementos, y en su reincorporación a la industria siderúrgica respectivamente. El mercurio requiere un cuidado especial, por lo que se destila y se almacena en condiciones de seguridad para evitar que llegue al ambiente. Además, se “trabaja en nuevos proyectos para nuevas utilizaciones del mercurio”, explica Pérez.

La asociación se creó precisamente como un Sistema Integrado de Gestión a raíz de la publicación del Real Decreto 208/2005 encargado de legislar el control de Residuos de Aparatos Electrónicos y Eléctricos (RAEE). El decreto especifica que cada empresa puede reciclar individualmente o en un Sistema Integrado de Gestión, e incluye sanciones para fabricantes que no se apegan a la ley. Para su subsistencia, la asociación obtiene recursos del cobro de un coste de gestión que se aplica al precio de venta de las lámparas colocadas en el mercado por cada fabricante, coste que puede oscilar entre los 20 y 30 céntimos de euro por unidad. Con ello también se cubren los gastos generados por llevar a cabo la etapa final del ciclo de vida de cada lámpara. “Un productor que cumple con la ley tiene un precio en su producto, y un productor que no cumple con la ley, no cobra el coste de gestión del RAEE y puede dar otro producto, entonces entraríamos en un problema de competencia, de mercado”, comenta Pérez.

Pero, ¿qué se hace en México con los focos y sus partes contaminantes? No se puede negar que se han hecho esfuerzos por poner en el mercado lámparas ahorradoras con bajos contenidos de mercurio y por terminar con el uso de las incandescentes. Algunos fabricantes han diseñado y puesto a la venta sus versiones ecológicas de tubos fluorescentes que tienen bajos contenidos del nocivo elemento químico. Philips tiene su línea Alto, Orsam lanzó Ecologic, GE diseñó Ecolux y Sylvania fabricó Eco. Todas estas lámparas pasaron la difícil prueba Toxicity Characteristic Leaching Procedure (TCLP1), en Estados Unidos.

Desde el sector público, a finales de 2010, el presidente Felipe Calderón anunció que a partir de diciembre pasado los focos incandescentes de 100 watts ya no se podrían comercializar en México y para diciembre de 2012 se suspendería la venta de los de 75 watts. Asimismo, los de 60 y 40 saldrían del mercado a finales de 2013. La intención era que para 2014 sólo se venderían focos ahorradores. Otra media en ese sentido fue el anuncio que, en agosto de 2011, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) hizo en torno a haber reemplazado, de manera gratuita y como parte del  Programa Luz Sustentable, alrededor de 987 mil lámparas incandescentes por lámparas fluorescentes compactas en el lapso comprendido de octubre de 2009 a diciembre de 2010. Para 2011 se esperaban reemplazar 22 millones 900 mil focos. Pero, ¿qué pasó con las bombillas que se dejaron de utilizar? ¿Qué sucederá con las que han cumplido con su función y se siguen desechando?  Las autoridades no lo especificaron y si bien la Ley para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía prohíbe la venta de las bombillas viejas, nuestro país aún carece de un centro de reciclado para focos y de la legislación necesaria que regule y sancione las acciones que se deben tomar al respecto.

Ambilamp, gracias a una intensa labor de comunicación y promoción destinada a informar a los millones de consumidores de bombillas acerca de cómo, dónde y para qué reciclar, ha incrementado la cantidad de productos recolectados. Mientras en 2005, año de su creación, recicló una tonelada de lámparas, en 2011 la cifra ascendió a 2169 toneladas y este año están por alcanzar las 2 mil 300, explica Pérez. El éxito se ha reflejado en el aumento de productores adheridos, los cuales pasaron de las cuatro empresas fundadoras a 180 en la actualidad.

Como España, cada país de la Unión Europea ha creado una entidad responsable de la regulación del reciclaje de lámparas a raíz de la publicación de la Directiva europea RAEE, aprobada por el Parlamento Europeo y que este año ha sido actualizada. “En base a la ley funciona todo”, concluye Pérez, “la ley es el punto de partida”.

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