Certificación Starlight: En defensa del cielo nocturno y el derecho a la luz de las estrellas

Más allá de un pensamiento romántico sobre el cielo estrellado, ¿por qué se debe proteger la calidad del cielo nocturno?

La Peña Trevinca ya cuenta con la certificación Starlight  Foto: Oscar Blanco

Para quienes vivimos en la ciudad, pocas veces contamos con la calidad de cielo necesaria para apreciar un horizonte estrellado y cuando existe esa posibilidad, apenas son visibles unas 50 o máximo 100 de ellas. Sin embargo se calcula que a simple vista se deberían alcanzar a percibir entre 2000 a 3000 puntos celestes.

Este problema podría afectarle directamente a un astrónomo o quizás a un poeta, pero, al grueso de la población ¿de qué forma le impacta esta carencia?

Como se ha comentado en artículos previos, la emisión global de flujo luminoso proveniente de fuentes artificiales crece anualmente un 4% debido principalmente a diseños de alumbrado exterior ineficientes, mismos que representan también un gasto energético y económico. Este tipo de contaminación se manifiesta en el aumento del brillo del cielo nocturno por reflexión de la luz artificial en los gases y en las partículas de smog, disminuyendo de forma significativa la visibilidad de las estrellas y otros objetos celestes además de afectar el ciclo de vida de diversos tipos de flora y fauna.

En este sentido, la fundación Starlight creada por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en 1982, ofrece una manera diferente de valorar el cielo estrellado, consciente de que al protegerlo, cuida también de un patrimonio científico y cultural que es de todos, a la vez que salvaguarda el hábitat de un gran número de especies que necesitan de la obscuridad de la noche para su subsistir.

Con base en las premisas de la Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas”, el propósito de esta certificación gira entorno a tres ejes:

Dimensión científica
Valorar y proteger la calidad del cielo estrellado como condición para la observación astrofísica con los mejores telescopios y hacer ciencia de la mejor calidad.

Dimensión cultural
Extender la afición a la astronomía a la sociedad, llamando la atención sobre el valor del cielo nocturno, no sólo para la investigación astrofísica, sino también como un patrimonio científico, cultural y medioambiental a proteger y transmitir a las futuras generaciones.

Dimensión económica
Generar economía en torno a la contemplación e interpretación del cielo estrellado, promoviendo infraestructuras, productos y actividades en el sector del turismo sostenible al que denominamos “turismo de las estrellas”.

Por tal motivo permite acreditar aquellos espacios que poseen una excelente calidad de cielo y que representan un ejemplo de protección y conservación a través de incorporar la observación del firmamento como parte de su patrimonio natural, paisajístico, cultural o científico, de tal manera que generan un “Turismo de Estrellas”.

La certificación se divide en distintas modalidades:

  • Reservas Starlight
  • Destino turísticos Starlight
  • Casas y hoteles rurales
  • Parque rurales y estelarios Starlight
  • Parajes Starlight
  • Campamentos Starlight

Tanto el turismo científico, como el astronómico son modalidades novedosas de la industria turística. No existe una tradición y por ello, en ocasiones, la cualificación de un lugar como Destino Turístico Starlight, lejos de ser un final, supone el comienzo que sirve para impulsar el desarrollo de esa actividad. Por lo que también ofrecen la posibilidad de realizar trabajos de consultoría específicos para cada destino, que le permitan desarrollar su potencial en esa modalidad turística.

Estos trabajos contemplan el aprovechamiento de las características particulares del lugar para disponer de infraestructuras que incluyen la posible creación de un Estelario; diseño de rutas, miradores de las estrellas y el diseño de actividades lúdicas de carácter astronómico al aprovechar diversos eventos como eclipses, paso de cometas, lluvias de estrellas, alineaciones de planetas, etc.

Foto: Oscar Blanco

El astrofísico Carl Sagan mencionó en más de una ocasión que “somos polvo de estrellas” quizás por eso al ver el firmamento nos vemos reflejados en ellas de alguna manera. En efecto somos pequeños puntos minúsculos, flotando en una roca desgastada y solitaria y al hacer conciencia de la magnitud de esta idea, nos da una oportunidad para verdaderamente proteger y valorar el muy particular hogar que habitamos. Quien haya tenido la oportunidad de presenciar un espectáculo  celeste no se queda indiferente, algo cambia en el interior, como una sensación de humildad y acción frente al Universo.

Y al final pareciera que se mantiene la idea romántica, pero hay que considerar, así como se protegen los recintos arqueológicos por ser una huella del pasado de la humanidad, del mismo modo se tendrían que proteger los cielos por ser un vestigio del pasado de la Vida misma. Si la posibilidad de apreciar un firmamento estrellado lleva a conocer mejor el universo y a nosotros mismos, es un hecho que experimentarlo debe ser derecho inalienable, tal como lo dice el primer punto de la Declaración sobre la Defensa del Cielo Nocturno y el Derecho a la Luz de las Estrellas.

Peña Trevinca. Foto: Oscar Blanco

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