A donde el LED aún no ha llegado: iluminación a altas temperaturas

La iluminación LED ha llegado a dominar en todas las áreas en que antes eran empleados los incandescentes y fluorescentes, menos en ésta

Imagen de Batteries+Bulbs

Los LEDs no han conquistado aún todos los terrenos de la iluminación, tienen todavía limitantes en áreas en que los incandescentes mantiene todavía su hegemonía. La iluminación en zonas de altas temperaturas, como las que se alcanzan en el interior de hornos y en áreas de fundición, donde se superan los cientos de grados centígrados. En estas condiciones extremas los viejos incandescentes son los que dominan.

Los LEDs tienen un importante factor en contra: el calor. Las altas temperaturas debilitan las junturas del LED y acortan su vida, de igual manera el fósforo se resquebraja y decrece la calidad de luz y la cromaticidad de la luminaria. Por ello, los LEDs deben contar con disipadores de calor para extender su tiempo de vida y, a mayores temperaturas, deben contar incluso con un sistema de enfriamiento. La temperatura más alta en que los LEDs pueden funcionar es de 40ºC y en el mejor de los casos a un máximo de 65ºC. Sin embargo, lejos están de poder resistir temperaturas de cientos de grados que se alcanzan el interior de los hornos y zonas de fundición.

Al contrario de las luminarias LED que funcionan bajo el principio de la fluorescencia del fósforo, los incandescentes funcionan bajo el principio del calor. La corriente eléctrica calienta el filamento de la lámpara y al subir su temperatura despide luz y calor. De la energía que emplea sólo el 4% es luz, por eso su gran ineficiencia. Además, el golpe térmico entre la temperatura ambiente y la del filamento provoca un contraste térmico que desgasta el filamento hasta fundirlo. Esta es la razón del relativamente corto tiempo de vida de los incandescentes.

Imagen de GE Appliances.

Iluminar en un ambiente de temperaturas extremadamente altas puede ser incluso beneficioso para las bombillas incandescentes. El choque térmico que provoca su desgaste disminuye pues las luminarias tienen que empezar a trabajar en temperaturas altas, es decir, más a la par de la temperatura que debe alcanzar el filamento para iluminar. Asimismo, aumenta la eficiencia del incandescente pues requiere menos energía para calentarse dado que el calor del horno proporciona parte de la energía necesaria que el incandescente requiere en su encendido.

Evidentemente no cualquier lámpara incandescente funcionará en un horno, debe de estar condicionada para que su componentes resistan los cientos de grados centígrados que deben soportar. Algunas de estas luminarias tienen cuerpo de borosilicato que soporta temperaturas de arriba de 800ºC, además las lámparas suelen tener una estructura interna de acero galvanizado, tapas de acero inoxidable, entre otros elementos.

Estas luminarias son necesarias para la supervisión de procesos industriales y esto las convierte también en lámparas de seguridad. En su uso específico y limitado son aún necesarias. Es en esta área de extremas temperaturas el LED aún no ha llegado y quizá nunca lo haga. Los infiernos son todavía dominio de los incandescentes.

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