La luz natural, ese exquisito regalo que hay que saber torear

En entrevista con iluminet, el arquitecto Jorge Hernández habla de LightBox, su más reciente muestra en la Bienal de Venecia de este año

Alter Residence. Arquitecto: Jorge Hernánez. Foto: Carlos Domenech

Quienes vivimos cerca del trópico sabemos que abunda la luz natural y nos es imposible negarla, al igual que su contraparte, la sombra. El arquitecto Jorge Hernández nació en Cuba y conoce el valor de ambos elementos y los ha convertido en una constante de su carrera profesional: “La pareja de la luz son las sombras y no sólo pegan fuertemente en la composición visual y arquitectónica, sino que también se mueven. Primero se ve el movimiento de la sombra, es lo que se ve más dramáticamente pero al final es producto de la luz”, comenta en entrevista para iluminet.

El estudio y la práctica de Hernández se condensan en uno de sus trabajos más recientes, LightBox, en donde de la mano de su fotógrafo lleva a la Bienal de Venecia una destacada memoria fotográfica de ambos maestros de la luz. Por un lado, Hernández y su exploración material de la luz y por el otro, el trabajo fotográfico de Carlos Domenech que requiere de ésta para poder existir.

De acuerdo con Hernández, LightBox se desarrolla desde tres aristas: La luz como elemento físico para la arquitectura, la luz como elemento intelectual, y la luz como herencia y como un agente espiritual y humanístico.

El aspecto intelectual de la luz en la arquitectura se aclara cuando el visitante encuentra el proyecto del Williamsburg Corthouse de Virginia, en donde el arquitecto tuvo que llevar la luz al interior de las salas de juicio en un edificio concebido sin ventanas, desde una especie de cúpulas o chimeneas, “la idea es que la luz tiene un elemento intelectual en la arquitectura, porque es como una cuchilla que corta la masa del muro y corta el volumen del espacio para penetrarlos, la luz es un agente en la composición arquitectónica, si se sabe torear. Siendo la luz materia prima de la arquitectura, esa danza del torear la luz y que la luz resalte en toda la superficie, combina los dos primeros capítulos”, comenta.

Williamsburg Courthouse, Virginia. Foto: Carlos Domenech.

La luz como herencia y agente espiritual y humanístico del tercer capítulo se representa en el trabajo de documentación realizado en Santiago de Cuba tras el paso del huracán Sandy, en 2012. El fenómeno natural dañó buena parte de los edificios históricos de la ciudad, entre ellos un conjunto de 12 iglesias coloniales que integran el trazo principal de la ciudad. Este proyecto se realizó gracias a recursos obtenidos del World Monument Found*, el Arzobispo y alumnos de la Universidad de Miami donde Hernández imparte cátedra.

Para el arquitecto Jorge Hernández, “la luz es tan básica, tan libre, no se puede contener por muros ni líneas abstractas. La tenemos en común, es tan espiritual y elevada que cuando uno se enfoca en ello se da cuenta que es un agente que une. Porque nada se ve sin ella, y ella no existe hasta que colabora con un objeto, es decir el objeto recibe la luz, la refleja y vemos dos cosas a la vez: el objeto y la luz”. Y cierra: “Si se pudiera usar la luz natural y la luz artificial en su conjunto tendríamos un balance de todas las posibilidades. La luz artificial es una exquisita necesidad”.

Lightbox se exhibe en el Palazzo Bembo de Venecia hasta el 25 de noviembre de 2018.

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