Luz en la histórica fábrica de Río Blanco

Acompañamos a Luz en Arquitectura en el workshop que desarrolló con su equipo

Por Luis Juan López Barreiro

Si recuerdan sus lecciones de historia de México, la fábrica textil de Río Blanco, en Veracruz, seguramente les suena conocida. La huelga de trabajadores de este lugar emblemático está en el capítulo de “Antecedentes de la Revolución Mexicana” en los libros de texto. Precisamente en este lugar mágico y lleno de ecos del pasado, Kai Diederichsen y Jessica Rodriguez, quienes encabezan el estudio Luz en Arquitectura, LUA, realizaron en octubre de este año un magnífico “workshop” de iluminación con todo su equipo de trabajo, actividad a la que amablemente invitaron a Iluminet. Así que Diana Solis y yo nos integramos a la experiencia, ahora metiendo las manos y no detrás de la cámara.  Además del staff de diseñadores de LUA e Iluminet, Juan Pablo Ruiz Velasco con su equipo de Italli Iluminación formaron parte del taller, aportando su creatividad y un gran soporte técnico como expertos que son en la materia. Esta combinación multidisciplinaria y generacional (muchos jóvenes en el equipo de LUA) aunada a un espacio histórico único y poderosamente escénico dio resultados sorprendentes.

Para Kai y Jessica el workshop fue concebido como una tarea para soltar la creatividad, experimentar, aprender, e integrar a su equipo, más allá de verlo como una actividad de promoción para su estudio y menos aun como una cuestión de “egos” creativos.

La fabrica está en el centro de la pequeña ciudad de Río Blanco, pero es un lugar que en los últimos años ha permanecido cerrado al público, sin embargo los administradores actuales permitieron que se llevara a cabo la experiencia para el grupo de LUA.

Lo primero que descubrimos al llegar fue una impresionante casona donde los distinguidos invitados a la fabrica en sus días de esplendor llegaban a hospedarse. Aquí estuvo hasta el presidente Porfirio Diaz quien realizó el banquete de inauguración junto a empresarios franceses, entonces dueños del lugar. Durante nuestra estancia disfrutamos de este espacio tan especial, pero cambiando la gastronomía francesa de antaño por delicias de la comida veracruzana en un ambiente informal y relajado. “Se imaginan que hicieran en este lugar un hotel de lujo”, fue el comentario general.

Después de instalarnos, el primer día de actividades lo dedicamos a recorrer las instalaciones de la fábrica. Caminamos por  las antiguas oficinas, donde hay una gran  torre con un  reloj y el antiguo silbato que llamaba a los obreros a iniciar la jornada. En el exterior de las oficinas además hay un pequeño lago y amplios jardines. Luego fuimos a la gran nave de producción, ahora semi vacía, pero que en el Porfiriato contaba con más de mil telares industriales. De allí pasamos al cuarto de máquinas y herramientas, donde aun están los  viejos tornos, taladros y  poleas, que venían de Europa con la tecnología de punta de la época. Al fondo de este espacio aun se ve un generador eléctrico de alta tensión, que alimentaba a la fabrica gracias a un planta hidroeléctrica que utilizaba la corriente del Río Blanco. El generador podría formar parte del la escenografía de cualquier película clásica de ciencia ficción. Por la noche del primer día, terminado el recorrido,  nos dedicamos  conocer los luminarios disponibles y clasificarlos encendiéndolos para probar ópticas, temperaturas de color, potencia, etc.

El segundo día lo dedicamos a pensar los conceptos y propuestas creativas, pero de manera “análoga” es decir dibujando sin ayuda de computadoras. Nos dividimos en cuatro equipos y lo primero fue elegir que áreas intervenir y luego desarrollar las ideas e historias que contar para cada espacio. Un par de equipos optó por el área de las antiguas oficinas y los otros dos nos inclinamos por la zona el taller de máquinas y herramientas. Cada equipo presentó su propuesta al grupo y se elegiría las dos mejores para su realización. A final de cuentas terminaron siendo tres propuestas seleccionadas, un equipo trabajaría en las oficinas, otro en la torre y los jardines; en el espacio del taller, trabajaríamos juntos los otros dos equipos. Todos los lugares  ofrecían retos importantes, las propuestas eran ambiciosas y las enfrentamos motivados.

El grupo que eligió las oficinas, tomó rumbo hacia los terrenos del “light-art” por lo que primero tuvieron que crear las “escenografías” con lo que encontraron abandonado en muchos puntos de la fabrica y  luego lo iluminaron. Buscaron proponer ambientes amarrados a la historia de la fabrica a través de cosas olvidadas que recogieron de aquí y de allá, como rollos de tela, gasas, hilos, objetos metálicos viejos, husos, creando esculturas y escenarios que bajo la luz, remitían a poderosas escenas simbólicas de lo vivido en ese lugar. 

Otro equipo eligió trabajar en la torre, otorgándole la jerarquía de ser el corazón de la fábrica. ¿Pero cómo hacer latir este corazón?…  “necesitamos equipo de control para hacerlo, pero no hay” dijeron los diseñadores resignados a solo pintar de rojo el interior de la torre, sin embargo los ingenieros tenían la solución. ”podemos sobre cargar el driver hasta que falle para lograr el latido…”  Y así, la torre latió como un corazón, gracias a la colaboración entre diferentes especialidades. El equipo de Italli Iluminación siempre iba un paso adelante en cuestiones técnicas.

Los otros dos equipos desarrollamos juntos la iluminación  en el cuarto de máquinas y herramientas, tratando de evocar el encierro físico y mental que vivieron las personas que trabajaron jornadas eternas en este lugar. Al fondo había una salida, la luz afuera representaba la esperanza. Se crearon ambientes dramáticos y se destacaron rastros que contaban que en ese lugar hubo personas: utensilios de comer abandonados, una rosario colgado en una maquina, la infaltable imagen de la virgen en la planta…  El generador de eléctrico recibió un trato especial, como el alimentador de la energía de toda la fabrica de Río Blanco.

De un modo arriesgado y muy entusiasta, Jessica y Kai armaron el workshop en este entorno fantástico. Se integró un grupo interesante con los diseñadores veteranos y algunos recién llegados al equipo de LUA; mas los “periodistas” que ahora si íbamos a hacer trabajo de campo, no de observadores; y por supuesto el equipo de Italli igualmente multidisciplinario: ingenieros, técnicos, junto con integrantes de los equipos de ventas y mercadotecnia nos acompañaron en la aventura. También tuvimos la oportunidad de contar con una buena cantidad de luminarios de diferentes fabricantes que amablemente ofrecieron a LUA para el workshop. Fue un placer poder conectarlos, probarlos y utilizarlos ya en el campo, no siempre se tiene esta oportunidad.   

A final de cuentas  todos aprendimos mucho, no solo de luz, sino de trabajo en equipo, de escuchar, dibujar, conectar y  de historia. El workshop fue inigualable, las expectativas se superaron en todos los sentidos Muchas gracias de nuevo al equipo de LUA por permitirnos participar de esta gran experiencia.


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