La luz es más que la historia de sus fuentes: prácticas culturales de la iluminación 1800-1900

Alice Barnaby escribe sobre los cambios que impuso la luz en la vida cotidiana en su libro Light Touches

El siglo XIX fue un siglo de cambios. Las máquinas transformaron la forma de producir y los medios para transportarse pero también el horizonte de lo que se creía posible. Nacieron nuevas modas, alimentos de países lejanos llegaron a través de embarcaciones más rápidas y nuevas fuentes de luz brillaron con una intensidad y eficiencia que nunca hasta entonces se habían alcanzado. En las calles las sombras de siempre fueron despejadas con el nuevo alumbrado. La luz abrió las puertas de la noche para poder desarrollar actividades que anteriormente paraban con la caída del sol. La historia de estos cambios, que tuvieron su origen en las innovaciones de iluminación, es el tema que retoma Alice Barnaby, en su libro Light Touches. Cultural Practices of Illumination, 1800-1900 en el que demuestra que la luz puede hacer historia.

Light Touches es una historia cultural, es decir, se centra en la vida cotidiana, en las experiencias y sentimientos de las personas del pasado. En este caso, explora los cambios sociales que la tecnología de la iluminación provocó a lo largo del siglo XIX. Las grandes transformaciones que ha experimentado la humanidad no ocurren en un sólo día, sino en largos periodos de tiempo en el cual una innovación altera paulatinamente la cotidianidad hasta cambiarla por completo. Pasatiempos artísticos, el diseño interior, la moda, los espectáculos, las galerías de arte, el caminar por las calles tras el anochecer son algunas de las actividades que se renovaron con la luz artificial. Veamos aquí algunos de esos cambios.

El gas comenzó su incursión en la iluminación en las calles de Londres en 1807, lo hizo también en las tiendas comerciales de la ciudad en 1810 y, en 1817, los teatros también comenzaron brillar bajo flamas más intensas. Las consecuencias podrían parecernos el día de hoy obvias: mayor circulación en las calles, un comercio que se extendía más allá del horario solar, diversiones que se acomodaron en la noche. La vida nocturna comenzó su transformación.

Las ciudades crecieron y ello implicó que había más gente en búsqueda de alguna forma de entretenerse. La iluminación encontró cabida en el mundo del espectáculo ya desde ese tiempo. Philippe de Loutherbourg, pintor y escenógrafo, creó el eidophusikon, esto era un pequeño escenario (2mx3mx1m) con un fondo pintado y, a través del manejo de la iluminación artificial, creaba un espectáculo. En la obra no había actores porque De Loutherbourg creía que aquello era un espectáculo donde la luz era la actriz principal. Lo que hoy podría parecer una función desabrida era, gracias a la combinación de luz, sonido y movimiento, un espectáculo que impresionaba por novedoso.

El eidophusikon no fue el único espectáculo que empleo la luz para el entretenimiento. En un cuarto, con el juego de luces y sombras las fantasmagorías crearon escenas para provocar miedo y terror. Las fantasmagorías fueron espectáculos con temas góticos que en conjunto con lámparas móviles, la oscuridad, humo, pantallas transparentes creaba un espectáculo único en ese tiempo para el público asistente.

La iluminación se empleó en las zonas públicas y no sólo para el alumbrado cotidiano. La luz era el acento nocturno de eventos revestidos de importancia social, política o militar. Las victorias militares, las proclamaciones de paz, los cumpleaños de la familia real eran resaltados con una iluminación especial en calles y fachadas. Edificios públicos y privados eran decorados con lámparas de aceite, lámparas de gas ornamentadas y las ventanas de los edificios brillaban con la luz de las velas. La iluminación resaltaba alegría y era el vestuario con la que se engalanaba a la ciudad durante fechas y ocasiones especiales.

Las nuevas tecnologías de iluminación moldearon una nueva cotidianidad. Los jardines eran visitados con más frecuencia, los teatros podían brindar funciones después del horario laboral, las salas de reunión y los los llamados Gin Palaces, es decir las tabernas, podían brindar espacios de convivencia y discusión que no estuvieran del todos cubiertos de sombra. Cabe señalar que estos últimos espacios fueron los centros en que los movimientos obreros de Inglaterra tuvieron sus espacios organizativos. Tras bambalinas de la historia, la iluminación es quizá un actor discreto, secundario pero a su manera determinante.

El arte también recibió el toque de la luz. Con galerías mejor iluminadas, señala Barnaby, un público más amplio asistió al disfrute artístico. La creación, la compra, la venta y la discusión sobre el arte incrementaron. El arte comenzó a ser un parte central en la vida cultural, en parte gracias a la iluminación.

Pero irónicamente, mientras las noches de las ciudades brillaban con más intensidad el día avanzaba hacia las sombras. El uso intensivo de gas y carbón para la iluminación, a lo que se sumaron las fumarolas de las crecientes industrias, causaron un enegrecimiento del aire y unas carboníferas nubes que eclipsaban los días. La luz y las sombras no estaban distribuidas por igual. Las luces durante las noches brillaban más frecuentemente en las calles de los barrios burgueses y en las zonas centrales de la ciudad, en cambio, la oscuridad de los días industriales se volcaron hacia los barrios obreros, entre los pobres que vivían hacinados en hogares malamente iluminados y ventilados. El siglo de la industrialización de la luz –a decir de Alice Barnaby– estuvo teñido de oscuridad.

De la luz dependen muchas actividades cotidianas que hoy se dan por sentadas. Pero el origen de estos eventos cotidianos en el pasado y cómo la iluminación abrió camino para que esto sucediera nos permite comprender el profundo impacto que tiene la luz en nuestras vidas y en la historia humana.

Por: Hugo Fauzi

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