Mejor luz, más leche: iluminación para establos

Una mejor iluminación aumenta el desarrollo de los animales y su aprovechamiento por parte de los seres humanos

Las horas del día se acortan en invierno y los alimentos disponibles escasean. La evolución ha llevado a los animales a adaptarse a estos cambios. La disminución de las horas de luz es un indicador natural del cambio de estaciones y provoca en algunos animales un crecimiento más lento y, en sus organismos, un ahorro de energía para no ver comprometida su sobrevivencia en la estación invernal.

El ser humano, a lo largo de miles de años, ha domesticado a algunas especies de animales para su consumo y ha buscado que su desarrollo sea rápido, sano y que tengan una reproducción continua. La iluminación artificial se ha convertido en un mecanismo para la crianza que permite potenciar el desarrollo y la reproducción de los animales. Al contar con luz artificial el animal tendrá el mismo desarrollo que tiene en las estaciones que cuentan con más horas de luz y que son también en la que los animales muestran un mayor crecimiento y apareamiento.

Sin embargo, la iluminación no siempre ha sido empleada en la crianza animal con efectos benéficos. Un exceso de luz puede causar tensión en el sistema nervioso y generar estrés en los animales. Demasiada luz artificial –en algunos casos de hasta 23 horas de luz al día– no es benéfico ni para la producción ni para el bienestar animal. Incluso el bienestar animal y las ganancias económicas pueden empatar.

Se han realizado diversas investigaciones respecto a los efectos de la iluminación artificial en la avicultura, ganadería y en otras áreas de la crianza animal pero no han arrojado del todo conclusiones determinantes. Aquí nos hemos centrado en la investigación realizada por Penev, et. al, “Effect of lighting on the growth, development, behaviour, production and reproduction traits in dairy cows“, que nos permite centrarnos en el caso específico de las vacas lecheras, para ver cómo la iluminación afecta en su desarrollo.

Tener luz suplementaria a la luz natural en los establos de las vacas lecheras tiene diversos efectos: aumenta la actividad del ganado, consumen mayor cantidad de alimento, permanecen más tiempo paradas –y por lo tanto menos en reposo–, fortalece sus huesos y reduce los comportamientos agresivos. Sin embargo, la iluminación debe ser la adecuada ya que, por ejemplo, un exceso de luz, sobre todo en la zona de alimentación, puede convertirse en un factor de estrés para las vacas lo cual reduce la cantidad de alimento consumido.

Igualmente, entre otros aspectos, la luz deshabilita la producción de la enzima principal encargada de la síntesis de melatonina, dado que su producción ocurre principalmente durante el sueño –en las horas de oscuridad– y por lo tanto es mayor en la temporada invernal. La melatonina es una hormona que causa una reducción en el metabolismo, provoca un aumento de la grasa corporal y reduce la productividad de los animales. Esto es útil para el animal en temporadas invernales pero en el establo donde el alimento y la temperatura están regulados la luz artificial permite detener los efectos de la melatonina y mantener al animal en desarrollo sin importar la temporada del año.

En las vacas lecheras, los periodos más largos de fotoperiodicidad –es decir cuando hay más horas de luz al día– están asociados con un aumento en la secreción de hormonas e insulina que con lleva a una mayor producción de leche y a un desarrollo corporal más rápido. Se ha demostrado también que durante los meses con días con más horas de luz los novillos muestran un mayor crecimiento y alcanzan una maduración sexual más temprana en comparación con novillos con tiempos más cortos de fotoperiodicidad.

Asimismo, algunos estudios han establecido que los becerros nacidos de vacas que están expuestas a 16 horas de luz y 8 de oscuridad, con una intensidad lumínica de entre 50 y 100 luxes tienen un promedio de peso mayor (aunque sólo por 2.1kg) y una mayor resistencia a enfermedades. La tasa de morbliidad fue menor en un 29% frente a un 43% del grupo expuesto a periodos de fotoperiodicidad naturales.

Cabe señalar que los periodos de fotoperiodicidad largos no siempre son la mejor opción. En las temporadas en que la vaca no da leche (dry cows) es mejor mantener a este ganado con más horas de oscuridad (8 horas de luz y 16 de oscuridad) dado que las vacas mantenidas bajo este patrón lumínico tendrán una mayor producción lechera cuando empiece su periodo de lactancia.

Por otro lado, es importante también tener en cuenta el espectro de luz que proporciona la fuente porque éste podría tener algún efecto sobre los animales. Las vacas, por ejemplo, no perciben el mismo rango lumínico que los seres humanos, sino uno más estrecho. Sin tener conclusiones definitivas, se ha sugerido que el proceso metabólico es más intenso, por ejemplo, bajo la influencia de luz violeta. De igual manera el espectro puede tener varios efectos en la utilización de la proteína y su depósito en los tejidos. La luz de espectro azul y verde beneficia, al parecer, el metabolismo de la proteína y por lo tanto tiene un efecto sobre el crecimiento. El espectro rojo, naranja y amarillo retrasa la utilización de la proteína y su acumulación en el cuerpo del animal.

Las vacas no detectan el espectro rojo de la luz, por ello la luz roja permite a los trabajadores andar en el establo sin que la luz disturbe a los animales. Foto de Lely, light for cows.

La luz es guía de los organismos para su desarrollo, al poder controlar la iluminación se puede influir sobre el crecimiento y actividad de los cuerpos de los animales. Conocer sus efectos es necesario para poder emplear la luz adecuada y éticamente.

Fuentes:

Toncho Penev, “Effect of lighting on the growth, development, behaviour, production and reproduction traits in dairy cows“, International Journal of Current Microbiology and Applied Sciences, v. 3, No. 11, 2014, pp. 798-810.

Luis Javier Platas Rosas, “Temple Grandin, autismo y etología“, Nexos, agosto 2012.

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