Neuroarquitectura, más allá de niveles de iluminación y el ciclo circadiano

Sistemas

A lo largo de la historia podemos encontrar construcciones que son capaces de generar emociones en las personas, cualidades que van mucho más allá del aspecto funcional. Fue en los años 50 que el médico investigador Jonas Salk comenzó a estudiar a qué se debían estas sensaciones, ya que estaba convencido de que el entorno construido -y su relación con la iluminación- tiene una fuerte influencia sobre la mente y nuestro comportamiento.

Junto al arquitecto Louis Kahn desarrollaron y construyeron el Instituto Salk, considerado el primer referente de la neuroarquitectura.

¿Y qué propone la neuroarquitectura?

De acuerdo al investigador de la Universidad Politécnica de Valencia, Mundo Iñarra, la neuroarquitectura analiza cómo el espacio y componentes como temperatura, iluminación, texturas, entre otros, afecta al cerebro humano, su ciclo circadiano y en consecuencia, nuestro estado emocional y comportamiento.

En México se han desarrollado proyectos bajo estos principios, como las Oficinas Sekura, diseñadas por el arquitecto Juan Carlos Baumgartner en colaboración con el diseñador de iluminación Kai Diederichsen, donde se implementó el sistema inalámbrico Vive de Lutron, compuesto por sensores de luz, ocupación y controles de pared.

Al utilizar los estudios realizados por las neurociencias podemos entonces crear espacios que favorezcan la memoria, la mejora de las habilidades cognitivas y la estimulación de la mente, evitando al mismo tiempo problemas relacionados con el estrés.

La Academia de Neurociencias para la Arquitectura estableció las principales áreas de estudio para este tipo de construcciones:

Percepción sensorial: Evento multisensorial que involucra emociones, memoria y experiencias a través de los sentidos como una respuesta al entorno.

Recorridos y puntos de referencia: Características de un espacio que definen su forma y su función, a su vez dan significado a la percepción espacial.

Aprendizaje y memoria: Referencias visuales que ayudan a determinar nuestra ubicación y orientación dentro de un entorno determinado.

Emociones: Es nuestra primera interacción con una edificación, antes de que las sensaciones lleguen a la consciencia, ya hemos hecho juicios sobre materiales, especialidad, proporciones, escala, ritmos, basados en nuestra propia experiencia. Así, la arquitectura es un elemento capas de alterar nuestro estado fisiológico.

Espacio y lugar: La diferencia entre “lugar” y “espacio” radica principalmente en la interacción con el usuario. La representación interna de un lugar está influenciada por la forma en que las personas se mueven dentro de él, por lo que un elemento que no interrumpe visualmente, pero sí el desplazamiento, el cerebro lo interpretará como espacios distintos.

Ritmos circadianos: Cambios físicos, mentales y conductuales que sufre un organismo en un ciclo de 24 horas como respuesta a la luz y oscuridad del ambiente.

Altura de la cubierta: Afecta habilidades de resolución de problemas y comportamiento, ya que induce diversos tipos de procesamiento mental.

Vista al exterior: La visibilidad hacia el exterior, principalmente dirigido a entornos naturales, favorece el bienestar y estado de ánimo de las personas.

Proxemia: Se refiere a la distancia física que las personas mantienen entre sí para permanecer en un estado de confort. Se clasifican en íntima, personal, social y pública.

Contacto visual: El contacto visual es la base de la conexión humana, la mirada permite retroalimentación, funge como señal de sincronización y transmite la disposición de otras personas.

Ruido: El estrés producido por el ruido puede inducir la liberación del cortisol, afectando el procesamiento de emociones, aprendizaje, razonamiento y control de impulsos.

Morfología: Las formas y composición del espacio pueden proporcionar disparadores sensoriales.

Un proyecto que aborde los planteamientos de la neuroarquitectura requiere también del análisis previo del sitio, tipo de usuarios y estudios neurofisiológicos, como electrocardiogramas y electroencefalogramas. Sin embargo, esto no restringe su implementación en proyectos de remodelación.

En ambos casos, los sistemas de control son herramientas que ofrecen un valor agregado al diseño arquitectónico y a su vez permite cumplir de mejor manera los objetivos planteados por la neuroarquitectura.

Según expertos, requerimos una intensidad de luz entre 800 y 1,000 luxes que indique a nuestro sistema nervioso que es de día. Y aunque son parámetros distintos, resultan contradictorias las recomendaciones de diversas normativas sobre niveles de iluminación para espacios de trabajo entre 300 y 500 luxes.

Es por ello que la neuroarquitectura toma en cuenta todo el entorno construido, el comportamiento de los usuarios ante dichos estímulos considerando las características del mismo, es decir, la toma de decisiones se basa en datos y resultados.

Los espacios arquitectónicos pueden complementarse con sensores Radio Powr Savr, botoneras Alisse o Palladiom y sistema de persianas Lutron para ofrecer un entorno más flexible y un ambiente que transforma en función del usuario.

Aunque la integración de todos los equipos requeridos para ofrecer espacios saludables en ocasiones es complejo, sistemas como Athena de Lutron son compatibles con sensores, motores de persianas, termostatos y tecnologías de iluminación.

Finalmente, la neuroarquitectura refuerza que cada persona procesa el espacio y la luz de manera distinta, por lo que el diseño debe considerar el ciclo temporal, cantidad y calidad de luz (color, contraste, distribución espacial) y principalmente a las personas.

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