Un recorrido por FILUX seducidos por la luz y la ciudad

Por cuarta vez FILUX desborda el espacio público con la luz y convoca a miles y miles de personas en el corazón de la Ciudad de México

 

Por Luis Juan López Barreiro

La Ciudad de México es masiva, en especial su Centro Histórico. Todos los días suceden cosas. Conciertos, manifestaciones, ferias y fiestas de todos colores y sabores desbordan el espacio público. Ríos de personas van y vienen entre comercios, tráfico, arquitectura e historia.

El Festival de las Luces, Filux, tiene ya un lugar importante en este continuo de actividad. En su cuarta edición, el gran público lo disfruta y espera. Filux ha logrado llevar la luz a la mente de miles y miles de personas, rebasando por mucho la convocatoria a la que estamos acostumbrados en eventos de iluminación.

Hemos apoyado y participado en el gran fenómeno de Filux desde su primera edición y esta vez lo disfrutamos más que nunca. La respuesta de la gente, como en todos los años, es muy impresionante, los alrededores de la Alameda y Bellas Artes, el andador de Madero, las pequeñas calles de la zona del Templo Mayor, las plazas y espacios programados se siguen colmando del bullicio de los amigos, familias, parejas, estudiantes, ciclistas, vendedores de juguetitos luminosos y curiosos que son convocados por la luz.

Este año ha sido igualmente abundante pero más relajado a la vez. Las largas filas eran las mismas de otros años, pero ahora los visitantes se divertían mientras esperaban y disfrutaban del paseo. Parecía que ya sabían qué esperar y qué ver.

La oferta de piezas y artistas ahora fue mayormente mexicana, lo que cumple uno de los valores de Festival que es apoyar y dar el espacio a artistas tanto consagrados como nuevos. Es importante no perder esto de vista, Filux no es un espectáculo de fastuosa producción, es un foro para que los creativos puedan mostrar propuestas que utilizan la luz como medio de expresión, que incluye tanto intervenciones grandes y espectaculares como piezas más intimas o expresiones populares.

Como en otros años lo recorrimos seducidos por la luz y la ciudad. Aquí les contamos un poco de algunas de las piezas que disfrutamos en esta la cuarta edición:

Un punto obligado de inicio es la fachada del Palacio de Bellas Artes que recibió la proyección de Nocheztli, el Color Sagrado con la que el Colectivo Kaijus vs Robots creó una experiencia audiovisual inspirada en la grana cochinilla, un parásito del nopal utilizado para la extracción del ácido cármico, el clásico color rojo originario de México.

 

El Centro Cultural del México contemporáneo, muy cerca de la plaza de Santo Domingo, hospedó la obra de Janet Echelman “1,8” que ha sido expuesta en festivales internacionales de iluminación en ciudades como Londres y San Diego. La Ciudad de México fue el lugar de su tercera exhibición. Se trata de una forma monumental que flota y que da una exquisita muestra de luces RGB. Impresionante desde donde se quiera ver. La propuesta de Echelman invita a reflexionar entorno a la tierra y el cielo, arriba y abajo, lo que podemos controlar y lo que está por encima de nosotros.

Probablemente Prendedero fue el ejemplo más claro de la apropiación del espacio público que busca el Festival. Esta sencilla instalación, ubicada frente al Museo de la Luz, enseña de forma diferente una imagen cotidiana de los barrios de la ciudad: la ropa secándose a la intemperie. Producida por OOSPP y Amarillo Público, Prendedero llevó a otro contexto el significado del tendedero mediante la experimentación de lo público y lo privado, así como la relación entre el espectador y la tecnología.

A unos metros, en Santo Domingo, un sencillo homenaje a las víctimas del sismo del 19 de septiembre reunía silenciosos grupos alrededor de una caja de luz con citas del Chilam Balam.

Estridente pero hipnótico, El Árbol de Abraham Palma invitaba a los visitantes a interactuar. Bastaba pararse sobre un sensor y tocar al acompañante para activar los colores y sonidos de la instalación. Es una escultura escenográfica viva que literalmente intercambia energía con los espectadores al mismo tiempo que éstos intercambian energía entre si.

Las revoluciones elementales de Marcelo Schuster encontró un diálogo entre Vlady, pintor de los murales de la Biblioteca Lerdo de Tejada y su Pulmotor, un respirador artificial típico de los hospitales en la década de los cincuentas. Con esta instalación, el artista busca “revivir” mediante el respirador artificial y una ambientación en rojo saturado, las ideas de las revoluciones que marcaron la historia.

Muy especial para Iluminet fue presentar nuestra muestra fotográfica de la Segunda Bienal Iberoamericana de Diseño de Iluminación en un espacio privilegiado en el corazón del Filux, con una afluencia de visitantes de entre ¡5 a 8 mil personas por día! Nuestro objetivo de promover el diseño de iluminación y llevarlo a nuevos públicos está sobradamente cumplido. Pronto escribiremos un poco más de lo que significa esto para nuestro medio.

Un clásico de Filux es Mind the Light, que ahora se instaló en la explanada de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada. La pieza cumple el objetivo de Maurici Ginés, su creador, de “enmarcar” la experiencia del espacio público que trasciende en las postales y selfies que se llevan sus visitantes.

UNUM, a través de un mágico bosque de hongos luminosos, Miguel Bolívar buscaba confrontarnos con todo aquello que discriminamos mediante una instalación lumínica que destacaba elementos que nos resultan diferentes o desconocidos. Bolívar es conocido por sus trabajos de arte popular mexicano y el manejo del color.

En Reflejo Solar de Annalisa Quagliata, la artista visual realizó una video instalación en el interior del Museo Ex Teresa, donde en una pantalla circular se proyectaban imágenes de la Piedra del Sol, un ícono de lo mexicano, junto a rostros y símbolos urbanos filmados en 16 mm en el Centro Histórico. La proyección y la luz se integraban completamente en el espacio del museo para envolver los sentidos de los visitantes entre luz y oscuridad, forma y arquitectura.

La capilla de La Concepción, conocida como la capilla de los muertos, o la conchita, recibió un video mapping sutil y original inspirado en la propia historia del edificio para entenderlo como un portal que nos puede llevara a otras realidades.

Una mención especial merecen los jóvenes creadores que reunieron sus trabajos en el Callejón del 57. En la calle se respiraba un ambiente de fiesta popular acompañada de efectos de luz y juegos multicolor.

Hubo mucho más que ver y en Filux 2017, algunas piezas fantásticas ya no las hemos podido comentar, una disculpa profunda a sus creadores. Nos falta espacio, tiempo y aliento para abarcar todo lo que queremos.

Gracias a David Di Bona y todo el gran equipo de Filux por permitirnos colaborar y ser parte del fenómeno. Hasta la próxima.


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