Quien entiende la luz, pinta

 

En una de sus visitas a Buenos Aires le preguntaron al tenor Plácido Domingo cómo se podía cantar tan bien como él. Con toda humildad, el español contestó: “quien respira, canta”.

Trasladando este concepto a la pintura podríamos decir. “quien entiende la luz, pinta”.

Como arte visual, la pintura abarca varias disciplinas: psicología, sociología, historia, arquitectura, etc., aunque, sin dudas, la técnica y sensibilidad del pintor son los responsables del mensaje que quiere transmitir. El observador cierra el círculo.

A través de la historia hay centenares de pintores que entendieron y plasmaron la luz en sus obras, no sólo como un elemento subjetivo, sino como parte de una imagen mental que, llevada a la tela,  expresa una idea.

Caspar Dietrich Friedrich y sus metafísicos paisajes llenos de soledad y melancolía…

Claude de Lorrain con sus atardeceres…

Los impresionistas, con la rebeldía de romper modelos, salir al campo y captar fanáticamente la luz  con sus infinitas modificaciones y variables…casi un instante de luz.

En fin, hay muchos más: cada uno con su escuela y  estilo, reflejando una época y un lugar, pero dando a la luz su valor dentro de la obra.

Como ejemplos supremos, dos pintores que entendieron la luz como pocos:

Rembrandt

Es imposible observar la obra de este gran maestro de la escuela holandesa, más de tres siglos después, sin asombrarnos con su magistral manejo del claroscuro: el contraste de luz y sombra. Se puede recorrer la vida de Rembrandt siguiendo la infinidad de autorretratos que pintó cuando su malograda situación económica le impedía pagar modelos que posaran para él. En ellos quedó plasmado el manejo de la luz con un nivel que nadie antes había alcanzado, y muy pocos lo lograron después.

Uno de sus mas famosos cuadros es “La ronda nocturna” donde se puede ver a personajes de la  sociedad holandesa, que pagaban muchos florines para ser pintados por el maestro, según  la costumbre de la época. Luego de muchas restauraciones se determinó que la imagen no corresponde a una escena nocturna sino diurna: el paso del tiempo y la oxidación del barniz que la cubre dio esa sensación. Aquellos arcabuceros se transformaron en actores de reparto cuando el foco  principal es una niña que aparece en medio de todas las figuras masculinas. Ella recibe toda la luz y atención. Es difícil determinar desde dónde proviene la luz pero ahí está y es innegable la atracción que ejerce en el observador. Seguramente a aquellos caballeros dicha situación no les debe haber caído en gracia!. Y todo esto lo logró a pesar de pintar con luz natural y, por las noches, con velas…¿qué habría sido de su pintura de haber contado con “dicroicas”!?

Joaquín Sorolla y Bastida

Mencionar su pintura es hablar de la luz llevada a su máxima expresión. Decía el  valenciano: “la luz es la vida de todo lo que toca. Por tanto, cuanta más luz en las pinturas, más vida, más verdad y más belleza”.

Si bien tuvo la capacidad de reflejar temas sociales (la vida de la ciudad,  de campo, interiores y retratos) Sorolla se destacó principalmente por las pinturas de escenas en la playa. Allí desplegó su enorme talento para hacer sentir al observador que cuando el sol toca objetos y personas, lo cambia todo. Las luces y sombras que genera y la maestría de su pincelada larga y expresiva llena sus pinturas de un enorme magnetismo que atrapa la mirada.

De su vasta producción de escenas playeras, la más renombrada es  “La vuelta de la pesca”, donde la fuerza de los bueyes sacando la barca, las olas espumosas iluminadas por el sol y la vela que se recorta en el cielo denotan una cuidada composición, llena de dinamismo.

Otra de las pinturas que se destaca de esa serie es “Cosiendo la vela”. En una escena cotidiana, la enorme vela llena de pliegues cobra vida por la luz que se filtra por la vegetación; la audaz composición se recorta cromáticamente con la naturaleza y la colorida ropa de los pescadores, haciendo un contraste armonioso y sutil. En el centro, la concentración de la costurera, el mar y cielo como marco final de una obra que deslumbra sin lastimar.

Rembrandt y Sorolla entendieron la luz, la plasmaron en su obra y nos llenaron de emoción.

Fernando Mazzetti

Dis. de Interiores-Iluminación

Director sede Flores de Decomobi

Buenos Aires, Argentina.

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